10 agosto, 2020

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Celebran boda irregular en cárcel de Tenango del Valle; denuncian corrupción

Agencia MVT

TOLUCA, México, 12 de Enero de 2015.- El pasado 15 de Diciembre, día de San Fortunato en el Santoral, fue un día de verdadera fortuna para unos y realmente adverso para otros. Para Juan Manuel Zúñiga Esquivel, preso en el penal de Tenango del Valle por los delitos de violación y homicidio, esa fue realmente una fecha afortunada, pues además de contraer matrimonio, tuvo la suerte de ser amo y señor de ese centro presuntamente dedicado a la readaptación de personas que han causado algún daño grave a la sociedad mexiquense.

Violando una decena de artículos del vetusto Reglamento de los Centros Preventivos y de Readaptación Social del Estado de México, aprobado desde el 30 de noviembre de 1992, y que a la fecha aplica en las cárceles mexiquenses, y evidentemente con la complicidad manifiesta de directivos y personal de custodia, se llevó a cabo una faraónica boda al interior de la penitenciaría de Tenango del Valle, con la autorización directa del Director de ese centro penitenciario, Miguel Ángel Gómez Garduño, y la complicidad de una decena de trabajadores del mismo, entre custodios, trabajadora social y psicóloga, quienes incluso fungieron como “padrinos” del matrimonio.

Pero Juan Manuel Esquivel Zúñiga no es un preso normal, es prácticamente quien ejerce la autoridad al interior de la penitenciaría de Tenango del Valle, él goza de todos los privilegios y tiene perfectamente organizado el sistema de introducción de todo tipo de artículos y productos prohibidos a su interior, cuenta con una amplia red de complicidad y protección para sus actividades ilícitas, la cual es encabezada por la misma directiva del penal.

Por eso, el pasado 15 de Diciembre, a unos días de terminar el año 2014, a Esquivel Zúñiga se le entregó prácticamente el control total del penal de Tenango del Valle para que consumara su boda, “a cuerpo de rey”, dicen algunos del resto de internos que vieron desde las ventadas con barrotes sus celdas como el patio de la penitenciaría primero se convirtió en iglesia para una fastuosa celebración por la iglesia católica, después en agencia del Registro Civil para protocolizar el acto del matrimonio de una persona que legalmente está privada de todos sus derechos civiles, y por último en un gran salón donde hubo banquete, brindis y baile para festejar.

El lunes 15 de diciembre se dio la orden de que la población penitenciaria despertara, realizara sus faenas de limpieza y pasara al comedor a desayunar, todo eso entre las 07:00 y las 08:00 de la mañana, pues se les advirtió a todos los presos que ese no era un día normal y que tendrían que sujetarse a algunas “condiciones especiales”.

Fueron los custodios los que vigilaron que las órdenes se cumplieran “al pie de la letra”, de modo que muchos tuvieron que suspender sus rutinas de ejercicio a las que están acostumbrados y otros más no tuvieran siquiera tiempo de pasar a los lavaderos a higienizar sus ropas personales y de cama.

Al filo de las 08:30 de la mañana se pasó lista por segunda ocasión, pues la primera vez fue inmediatamente después de que salieron los presos de sus celdas. Una vez que se verificó que la población penitenciaria estaba completa, se les ordenó regresar a sus celdas, las cuales fueron cerradas “a piedra y lodo” por los custodios.

Así se despejaron todas las áreas comunes de la penitenciaría, sobre todo los patios, donde personal de la misma administración del Centro de Prevención y Readaptación de Tenango del Valle comenzó a instalar lo necesario para llevar a cabo una misa, desde sillas hasta el atril que sirvió para que el cura pudiera ofrecer la homilía. Todo se forró de blanco, como señal de la pureza de los contrayentes.

En otro espacio de la penitenciaría también se montó un escritorio y sillas, pues ahí se realizaría horas después la boda civil, con todo y lectura de la Epístola de Melchor Ocampo.
Finalmente, se montaron mesas y sillas, con manteles, para ahí dar cabida al gran banquete con el que se iba a celebrar la gran boda.

Momentos después comenzó todos ante el asombro de cientos de presos que desde sus celdas no daban crédito a lo que sucedía en los patios, pues al lugar llegaron más de 40 invitados, desde menores de edad, a los cuales se tiene restringido el acceso a las penitenciarías mexiquenses, pasando por hombres y mujeres “con trajes finos”, flores y “costosos regalos” en las manos.

Pero también ingresó al penal de Tenango del Valle el cura responsable de celebrar la misa, el agente del Registro Civil, y hasta los miembros de un gran grupo musical que amenizó el acontecimiento desde las 12:00 hasta las 18:00 horas con un amplio repertorio de música de catálogos, popular y hasta la “víbora de la mar”, con la que se llevó a cabo el tradicional reparto del ramo, la liga y fistol del novio.

Pero no hubiera habido “pachanga” de gran nivel sin un gran banquete, y este corrió a cargo del personal de un conocido restaurante que se encargó de introducir también a las instalaciones del penal de Tenango del Valle los grandes cazos con carnitas y enormes cazuelas llenas de arroz a la mexicana y mole rojo con guajolote y pollo.

Las instalaciones del penal fueron, “en exclusiva”, desde las 10:00 de la mañana y hasta las 18:00 horas de la tarde para el preso Juan Manuel Zúñiga Esquivel y su joven esposa, de quien se omite el nombre por respeto a su intimidad; más de 40 invitados, por lo menos diez músicos, diez personas encargadas del banquete, el juez del Registro Civil, entre muchos otros participantes en este gran evento que demostró que en el Sistema Penitenciario del Estado de México no todos los presos tienen suspendidos sus derechos civiles y mucho menos todos gozan de los mismos privilegios.