Gracias, por tanto amor

Por Ilka Oliva Corado / @ilkaolivacorado / contacto@cronicasdeunainquilina.com

Lo más fácil es esta vida es enlistarse en los bandos de la corruptela. Buscar a toda costa el beneficio personal así sea pasando sobre la integridad de los valores humanos. Sobre las necesidades de otros. Lo más fácil en esta vida es omitir, reemplazar, escabullirse de las responsabilidades colectivas. Fingir no ver y no escuchar y guardar silencio ante lo que nos cuestiona y nos expone. Ante lo que nos exige actuar. 

Lo difícil es el compromiso, acuerpar la palabra con la acción. Es llevar la verdad por delante así sea a pesar nuestro. Lo complicado es ser íntegro en un mundo de sobornos, de compra y venta, de intimidaciones, pretextos y subordinaciones. Lo difícil es seguir  aunque estén lloviendo balas.  Lo difícil es decir no, cuando la mediatización, el envilecimiento y el miedo nos ordenan  que digamos que sí.  Lo arduo es continuar cuando nos  han quitado todo. Cuando nos abrazamos fuertemente   a la esperanza y a la dignidad en un último aliento porque  sabemos que no podrán arrancárnoslas nunca. 

Ellas son indestructibles. Ellas son nuestras, ellas nos hacen; nos reconstruyen, nos alientan, ellas nos dan la fuerza para no olvidar a los que también tuvieron el sueño de libertad en colectivo y que fueron torturados, asesinados y desparecidos. Ellas son la vena fecunda de los sobrevivientes. Ellas son nuestra Memoria histórica e identidad. Son el antídoto contra todo olvido e infamia. 

La injusticia, el coraje, la opresión y la honestidad nos incitan, nos llaman a la  rebelión. Nos exigen luchar contra toda imposición. Estamos hechos de sangre y  de una coraza  enraizada en la  tierra. A esa resistencia milenaria de los Pueblos Originarios. Duele el despertar, claro que sí, pero ese dolor debe convertirse en tesón, en resolución, en una fuente  inagotable de ahínco y carácter para poder confrontar toda imposición de un imperio de consumo y capitalismo que solo busca devastar. Debemos despertar a pesar del miedo y hacernos responsables de las consecuencias. 

Y un  ejemplo  muy claro de esa garra, de esa honradez, de esa fuerza incansable del despertar, son los gobiernos de un proyecto progresista que renovó a Latinoamérica  en los últimos 17 años, que inició con Hugo Chávez y al que se unieron  Lugo, Lula, Néstor, Correa, Evo, Dilma, (Bachelet, antes de su segundo mandato de carácter neoliberal ) Mujica, Maduro y Cristina.  

A raíz de esta guerra de imposiciones, de esta Operación Cóndor perenne  que tiene una agenda propia para cada país, resulta realmente asombroso que una persona pueda ser generacional de un gobierno de carácter renovador en el que  su objetivo principal sea esa parte de la sociedad que ha vivido excluida  y ajena a toda oportunidad de desarrollo. Que ha vivido sometida al escarnio  y al olvido. Al colonialismo de un genocidio milenario. 

Mis mayores cuentan de una Latinoamérica de antaño que tuvo presidentes socialistas y que hicieron revoluciones, por mi edad no la viví, la leo y la veo en documentales y películas.  Así como la Revolución Cubana que es nuestro estandarte latinoamericano. Pero he tenido la dicha  que esta vida me ha dado la oportunidad de ser generacional de   estos últimos 17 años de plusvalía de la Revolución que inició Simón Bolívar y que revivió Chávez. 

 Y he visto pelear a estos presidentes por la libertad de sus pueblos. Combatiendo todo ataque mediático dentro y fuera del continente, combatiendo la traición de desertores.  A la oligarquía mundial que se ensaña con nuestra Patria Grande en la misma forma en la que se ensañó con África y Vietnam,  en la misma forma en que ahora ataca  a ese otro mundo del Medio Oriente que solo vemos por noticieros serviles a la imposición. 

Ha sido una lucha cuesta arriba, sin descanso, sin respiro. Recibiendo golpes a diestra y siniestra, estocadas a traición. Estos  presidentes han bajado del pulpito y se han unido a las masas desprotegidas, y les han brindado la oportunidad del desarrollo.  Ese progreso que no quiere ninguna oligarquía en Latinoamérica. 

Esos presidentes han apostado por el cambio, por la inclusión, por la igualdad de derechos y oportunidades. Le han apostado a la cultura, se han empeñado en defender la tierra, en cuidar la infancia. Por supuesto que no son perfectos, por supuesto que han cometido errores, pero le han dado a Latinoamérica la esperanza. Han llevado a cabo  proyectos que después de las dictaduras y gobiernos de tintes neoliberales se creían inimaginables. Ellos han hecho realidad las utopías. Han demostrado que las cosas sí se pueden hacer si se tiene el carácter, la entrega, la resistencia y el amor. 

A estos gobernantes los acusan de populistas, de mercenarios, de traficantes de sueños, de desfalcadores. En realidad son quienes han logrado realizar un proyecto inclusivo, combatiendo un sistema colonialista. Le han dado a sus pueblos la oportunidad del desarrollo.  Son muchos los beneficios que ha tenido Latinoamérica  en estos últimos 17 años de Revolución Socialista.  A pesar de ser sociedades con distintas necesidades se han podido unir. ¿A qué se debe este fenómeno? A que estos presidentes han sido militantes de toda la vida, a que no han llegado a la política por intención empresarial, ni por el saqueo, no han sido de los que se cambian de partido a cada rato, han sido personas comprometidas con la justicia  y con los pueblos desde siempre.  

En pocos días Cristina, dejará de ser presidenta de Argentina, y se convertirá en un mito,  es parte de la historia de un proyecto progresista que nos alentó y que realizó cambios significativos en el continente. Y se va bien, se va con su frente en alto, no sale huyendo del país por ladrona o traidora. Se va con la dignidad de haber hecho lo que le competía como mujer, como argentina, como latinoamericana y como ser humano. Y nos deja un legado a todo el continente. Todos estos compañeros han sembrado, han abonado, han cuidado la semilla, ellos no serán eternos, toda  la responsabilidad no puede caer de lleno solo sobre sus hombros. Nosotros también tenemos responsabilidad en esto y tenemos que cuidar lo logrado. 

Tenemos que seguir peleando por la inclusión, por la justicia, tenemos que seguir encarando la impunidad, a los detractores, a los sobornados y a los que sobornan. Lo tenemos que hacer no solo en Suramérica, lo tenemos que hacer en todo el continente. 

Tenemos que seguir luchando por la unidad de todos los países que lo conforman, derribar de una vez por todas esas fronteras mentales, esas murallas territoriales que no nos permiten hermanarnos. Nos fueron impuestas como todo lo demás. Tengamos la capacidad de reconstruir este continente. Dejemos ese celo territorial de creer que nuestro país de origen es el centro del universo. Somos ciudadanos del mundo. Defendamos lo logrado, seamos capaces de vivir con dignidad.  

No sé qué tan acostumbrados estemos a decir gracias y con qué frecuencia lo hagamos. O cuáles sean nuestras razones para agradecer. Hoy escribo este texto para agradecer estos 17 de Revolución Socialista, y el esfuerzo que cada uno de los que la mantienen vigente realizan a cada instante para que  los pueblos marginados tengan derecho a la oportunidad.  Imposible olvidar a los que perdieron la vida por este sueño de libertad. Imposible olvidar a los que perdieron la vida por este sueño de libertad. Imposible no agradecer a quienes nunca han decaído y nos iluminan y nos guían con su ejemplo.

De pronto surge la pregunta ineludible, ¿quién se quiere  sumar?

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