18 mayo, 2021

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Política en Tacones: Sonora, el colmo de las minas y los ríos

Por Ángel Omar Barbosa

La naturaleza está perdiendo terreno y valor sobre el territorio mexicano. Las estructuras de poder y empresarios, interesados en el color verde de otro tipo, buscan enriquecer y dar un mayor libertad financiera a sus bolsillos sin importar el daño irreversible que puedan causar al medio ambiente. Llega a ser incluso una ironía que cuando una empresa causa un daño al ecosistema sea multada millonariamente creyendo que sólo así subsanará el daño causado. No olvidemos las tendencias y costumbres actuales, de “borregos” siguiendo actos que sólo permiten darnos cuenta de que a veces no nos importa las consecuencias.

Por un lado, Sonora se volvió el centro de atención a primeros días de agosto y con razones lamentables. De acuerdo con el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y similares de la República Mexicana el director ejecutivo de Grupo México, Germán Larrea, es el responsable directo del derrame de ácido sulfúrico que contaminó los ríos Bacanuchi y Sonora con 40 mil metros cúbicos del corrosivo líquido. Grupo México argumentó en un principio que las lluvias habían provocado los daños en las tuberías, lo que provocó el derrame, teoría que fue rechazada por el Secretario del Medio Ambiente, Juan José Guerra Abud. En entrevista para Noticias MVS, primera emisión sostuvo que “No fue exceso de lluvias… el tubo llegó a fallar por falta de diseño o un descuido”.

La minera responsable de Grupo México fue denunciada ante la PGR por Profepa, mientras que algunos alcaldes sonorenses demandaron a la empresa por el derrame de ácido sulfúrico en los ríos. Incluso, algunos pobladores dedicados a la venta de abarrotes denunciaron que las ventas han caído de manera drástica debido al incidente ecológico. Además, culpan al Estado de no proporcionar la información adecuada de lo que está sucediendo en el río y las medidas que deben tomar para evitar daños a la salud.

Lo que muchos piensan a estas alturas es que la mina debiese ser clausurada por tal daño. Es lo lógico. Si un restaurante no proporciona el servicio adecuado puede llegar la Lady Profeco y puede ser clausurado, si un local registrado de comida rápida sirve comida contaminada provocando intoxicación en los clientes debería ser clausurado. Pero como se trata de una empresa con millones de pesos en sus bolsillos la impunidad viene, habla con la Semarnat y le dice que no puede clausurar el lugar pese a lo que ha hecho, pero no importa, podemos sustituir el verde pasto que hemos perdido con verde claro del billete para olvidar. El dinero es como el alcohol para aquella víctima del amor; busca olvidar con él pero acaba recordando más y más lo que quiso dejar atrás.

Todo esto ha dejado mal parado a Grupo México, los cines y los ferrocarriles ahora tratarán de mostrar un rostro distinto de lo que sucede en Sonora, aunque evidentemente no tengan nada que ver. Los ciudadanos estarán reclamando constantemente por redes sociales que se haga justicia y sólo si la empresa se dedica a limpiar los ríos, paga sus multas y deja de ejercer en la zona, tal vez estén contentos aunque bien sabemos que el problema no sólo se queda allí, y no sólo se da en ese estado.