Rafael Loret de Mola – Amnesia y Turismo

Rafael Loret de Mola - Amnesia y Turismo

*Amnesia y Turismo
*Infección Política
*FIL sin Mexicanos

Por Rafael Loret de Mola

Cuatrocientos veinte millones de pesos quedaron volando, desviados por la administración federal y el último regente de la ciudad de México; también el último priísta que encabezó el gobierno defeño, exactamente hasta 1997 cuando el presidente ernesto zedillo, el gran simulador, lo trasladó a la secretaría de Turismo para protegerlo, blindarlo, de cualquier acoso que pudiera sufrir a causa de la llega del perredismo, en aquel momento liderado por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que no se ha ido hasta entonces de la apetitosa capital del país.

Rafael Loret de Mola - Amnesia y Turismo

Fue evidente que Óscar Espinosa Villarreal, quien habla de que la arribazón de la izquierda fue el factor decisivo para “la pérdida de la ciudad” más congestionada y compleja del orbe, negoció bien su salida del Departamento del Distrito Federal posibilitando el encumbramiento de Cárdenas sin el menor rozón y muy a pesar de que el otrora jefe de la oficina de la Presidencia, el nefasto José Córdova Montoya, dentro de su perverso esquema mental, le había desafiado con llevarlo a juicio –lo cual le hubiera inhabilitado para llegar a la elección por la jefatura de gobierno-, pues él y los legisladores perredistas le habían acusado como autor intelectual del crimen contra Luis Donaldo Colosio. Y, por supuesto, optaron por callarse ante la advertencia del siniestro personaje.

Así, Cuauhtémoc Cárdenas arribó al despacho principal del antiguo Palacio del Ayuntamiento desmarcándose de sus acusaciones contra Córdova y bajo el entendido de que no perseguiría a Espinosa en un enroque muy infortunado para los neocardenistas. Dos pactos que limitaron al emblema de la izquierda y exhibieron todas las debilidades del mismo ante la cerrazón del “sistema” aunque, con ello, se alejara de la columna vertebral de su propuesta: modificar el estado de cosas, no continuando con los acuerdos soterrados, oscuros, lejanos de los intereses del colectivo.

Gracias a ello, Espinosa Villarreal fue situado en la Secretaría de Turismo y allí permaneció hasta poco después de la retirada del ingeniero Cárdenas quien, en pos de su segunda candidatura presidencial, dejó el cargo defeño en manos de la hábil Rosario Robles Berlanga –quien ahora aspira a repetir en el cargo dado que a lo largo del 2000 fue sólo substituta y ahora desea todo el pastel… pero con colores distintos, precisamente los del PRI y ya no los del PRD-, cuya primera decisión, tomando distancia de las cortesías de su antecesor, fue la de auditar a la administración de Espinosa hasta encontrar el desvío millonario –para muchos, incluyéndome, una pequeña migaja de lo defraudado por Espinosa y sus colaboradores en un entorno de altísima corrupción si bien lejana a cuanto contemplamos hoy: no hubo empresario ni industrial de nivel que no hiciera negocios con él-, que condujo a una tenaz persecución del personaje por medio mundo hasta su localización en Nicaragua.

La caída de quien había sido fuente financiera y administrador de la campaña de zedillo, pasando sobre la sangre de Luis Donaldo para júbilo del inefable “doctorcito” Joseph-Marie Córdova, se contrajo a setenta y siete días de prisión en el reclusorio “El Chipote” de la nación centroamericana y su posterior traslado a un hospital de Managua como efecto de la asfixia carcelaria bien diagnosticada por su abogado, no por los médicos, hasta su extradición a México… en donde no pisó celda alguna sino se fue a su casa por falta de consistencia en las acusaciones –dijeron-.

Por supuesto, jamás aparecieron los 420 millones de pesos ni pudo explicar con claridad, si bien publicó un libro para dar su versión pero con muy escasa circulación, los orígenes del desvío; al contrario, su postura fue negar que tal hubiera ocurrido aun cuando fue innegable el agujero financiero producido por sus malos manejos en una capital convertida en un caos –a decir del ingeniero Cárdenas- y al borde de la debacle con creciente violencia, robos de bancos y una gama de secuestros que apenas anunciaban cuanto vendría posteriormente.

“Perdonado” por el sistema, dada su disciplina, el doctor zedillo, su adalid a quien defiende con dientes y palos, intervino lo necesario para vindicarlo, poco a poco, con la paritaria gracia de sus amigos, todos aquellos millonarios quienes se llevaron una enorme tajada mientras les duró el dulce en la boca, hasta conseguir, como en otros casos –digamos el del abyecto raúl salinas de Gortari-, cerrar expedientes dándole una “segunda oportunidad” para demostrar su valía y sus conocimientos sobre el tema turístico. Ahora mismo ha sido designado asesor del secretario del ramo, Enrique de la Madrid Cordero, hijo del ex presidente del mismo nombre ya extinto, y sin más conocimientos en la materia que sus paseos en familia o con amigos por parte del territorio nacional. Financiero de cepa, Enrique optó por llamar a Espinosa quien, cuando menos, tuvo la oportunidad de entrevistarse, “siendo un hombre poderoso” por su cercanía con zedillo –exactamente así lo narró-, con financieros y empresarios del primer mundo quienes, a su vez, exigieron condiciones y garantías excesivas para poder “creer” en las ofertas del singular funcionario. Los españoles, por ejemplo, se animaron tanto aun cuando temían la inestabilidad de México como un factor negativo; y, por supuesto, la oferta de la alternancia, debajo del agua, minimizó la desconfianza a costa, entre otras cosas, de vender las playas mexicana y permitir que los extranjeros fincaran hasta a cientos de kilómetros de las costas con los riesgos que ello implica para la seguridad y la soberanía nacionales.

Al respecto, el señor Espinosa no pudo contestar, directamente, a estas dudas igualmente evadiéndose de los graves problemas de desigualdad que le plantee a la cara hace poco más de una semana:

–A diecisiete minutos de la zona hotelera de Cancún –expresé-, puede llegarse a colonias depauperadas, en las que el hambre marca las pautas, en gran parte por los bajos salarios que los grandes consorcios del extranjero pagan a sus servidores y obreros mexicanos a diferencia de cuanto se embolsan los ejecutivos traídos por ellos desde España y otras naciones.

–Conozco el caso –replicó-, de la colonia Colosio en Cancún y es muy lamentable. Precisamente por ello propugnamos por abrir más hoteles con mejores salarios.

¿Y por qué no se pretendió lo mismo desde el principio? Para colmo, México es de las naciones turísticas una de las menos cotizadas: el cálculo es que cada visitante gasta, en promedio, poco más de quinientos dólares durante su estadía a diferencia de los más de mil dólares que les arrebatan los españoles, franceses y estadounidenses. Les damos mucho más por menos… pero si suben las tarifas entonces los nacionales nos quedaremos en casa sin la menor posibilidad de conocer las bellezas de nuestro país.

Por cierto, cuando Espinosa habló del turismo gastronómico me permití contarle la anécdota sobre el recorrido de dos españoles, cercanos y convencidos por mí a recorrer la Riviera Maya –uno de los más bellos rincones del orbe-, y cuanto conversaron a su vuelta:

–¿Les gustó la comida del sureste de México? Es una de las más espléndidas…

–Pues, sin ofender, la verdad es que no. Los espaguetis estaban demasiado cocidos y nos servían pasta mañana, tarde y noche en los hoteles Meliá “all inclusive”.

Tarde un buen tiempo en explicarles que aquello nada tenía que ver con las exquisiteces de la cultura maya y eran remedos de la cocina italiana considerada prioritaria por barata para el turismo masivo. Fie, entonces, cuando Espinosa precisó:

–Sí, es un poco injusto. La verdad es que los 550 dólares se reducen a 200 cuando se llega a estos establecimientos en donde casi todo está incluido.
Mala suerte, podríamos concluir; o, mejor dicho, complicidades infames que fueron muy extendidas en la dolorosa época del entreguismo zedillista durante la cual Espinosa, financiero favorecedor de sus amigos, se encumbró hasta lograr homenajes por parte de éstos y la inmediata respuesta, cálida, de cuantos desean hincarle más dientes al negocio del turismo… mientras no sigan apareciendo vehículos calcinados como el de los surfistas australianos que regresaban de Mazatlán.

Debate

El señor peña nieto tuvo el “tino” de presentarse en París, a semanas del drama terrorista –ciento treinta muertos según reportes oficiales, siempre imprecisos-, para hablar del medio ambiente cuando, precisamente, por el país se generaliza la tala inmoderada de abetos y pinos para adornar los hogares en estos días previos a las navidades.

En algunos países un poco más comprometidos con el ámbito, se obliga a quienes quieren tener su arbolito navideño en casa a mantenerlo con vida, regándole y colocándolo sobre resistentes macetas; al final del lapso de vacaciones invernales se debe devolver para que el Ayuntamiento o sucedáneo los regresen a los viveros sin daños ambientales de ninguna naturaleza. En México, en cambio, el signo es el de la muerte, tanto en los pinos que crecen en las faldas de nuestros cerros como en aquellos importados desde Canadá que ya no harán jamás el viaje de retorno. Y nadie hace algo al respecto.

La infección política, sin embargo, llevó al mentiroso peña a presentarse en la capital de la mancillada Francia para hablar de los avances para reducir la contaminación del aire sin medir la desvergüenza de quienes no hemos sido capaces de cuidar algunas de las maravillas naturales, como el santuario de las mariposas monarcas –cada vez con menos viajeras migratorias-, o la llegada de las ballenas a las costas de Los Cabos. Poco a poco nos acabamos todo.

Y una prueba más la tenemos, precisamente, en la Riviera Maya en donde el gobernador, Roberto Borge Angulo, y el padre de éste, Roberto Borge Martín, negocian con los manglares para posibilitar la construcción de enormes complejos que alteran el litoral mágico del Caribe con inclinaciones mercantiles descaradas y monumentales. Saldrán millonarios del poder dejando más pobre a una entidad que debiera ser una de las más ricas de la República y no lo es.

Sinvergüenzas y mentirosos opacan las falsas buenas intenciones. Como siempre.

La Anécdota

Cuando iniciamos la FIL de Guadalajara, con un puñado de autores mexicanos, todo parecía feliz para quienes escribimos desde hace muchos años. (Dicho esto respondo a quienes dudan que jamás necesité promociones políticas para vender mis treinta y seis obras, en su mayoría de crítica política y alguna que otra novela costumbrista. Gracias a mis generosos lectores pude llegar hasta aquí con una vida digna, sin opulencias de ninguna naturaleza, y la conciencia totalmente tranquila).

Hoy en día, en la FIL, los autores mexicanos vamos en segundo plano dejando espacios a oportunistas sujetos de la farándula y a algunos autores del extranjero pocos conocidos y tratados como si cada uno fuera Premio Nobel. Al rato se nos aparece peña y declara que es autor español o algo por el estilo dentro de su truculenta mentalidad feudal.

Por lo pronto, estuvimos por allí y logramos una buena aceptación. Nos reconforta.a

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