17 junio, 2021

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Rafael Loret de Mola – ¿Estamos Preparados?

RAFAEL LORET DE MOLA

  • ¿Estamos Preparados?
  • Régimen de Represión
  • Ortega, AMLO y 2018

Por Rafael Loret de Mola

Mañana inicia diciembre. En los días recientes, por las carreteras de México y desde distintos puntos, me he cruzado con decenas de vehículos llevando un cargamento entrañable y, al mismo tiempo, ambientalmente incorrecto: los arbolitos para la Navidad –pinos de diversos tamaños-, cortados por los propios compradores y bajo el alegato de haber sembrado en los mismos sitios evitando la tala inmoderada e irresponsable. De cualquier manera, el ornato natural, con el exquisito olor a madera, significa la inevitable muerte del mismo un poco antes de fin de año si tienen suerte.

Rafael Loret de Mola - ¿Estamos Preparados?

En otros países, digamos España –una de las cosas positivas que recuerdo de este país-, es difícil conservar la tradición nórdica que tanto se extendió al norte del continente americano. Para evitar que el uso de los arbolitos sólo dure el período invernal es obligación conservar las raíces en macetas con tierra húmeda para, después de las celebraciones, ser llevados a criaderos en donde “resucitan”, de hecho, sin la pena de ser rastrojos muertos sobre los camiones de basura. En México, al parecer, nos preocupamos poco por la vida y todo nos lleva a la muerte, más que una costumbre en los escenarios públicos de nuestros días.

Llega diciembre y volvemos a sentirnos espléndidos aunque, cada vez, con menos recursos para lograr los acercamientos familiares y preparar en abundancia las cenas de Navidad y Año Nuevo. En mi caso, cada vez son más las ausencias y ello, aunque desee fingir alegría, pesa mucho en el ánimo. No son tiempos felices aun cuando, claro, procuramos mostrar nuestro mejor rostro para no enturbiar las interrelaciones con quienes nos invitan o son invitados a casa. Y solemos gastar como si no hubiera más que el presente, matando los pensamientos a futuro que apenas se reinician con los propósitos del primero de enero que muy rara vez cumplimos.

En Los Pinos o en donde decida pasar las fiestas la duplicada familia presidencial –con dos modelos de modas incluidas, la primera dama y su hija Sofía-, se cenará con abundancia bajo el fútil argumento de que quien representa al pueblo de México debe exaltar la dignidad –esto es la riqueza- por encima de los malos tragos –es decir, la pobreza de los demás-. Y, sobre todo, nadie osará rumiar sobre lo que nos espera porque, claro, por cada rincón de la Presidencia se respira simulación y se está, cada vez, más alejado de cuanto sucede entre los demás, en el piso ingrato de la realidad.

Fíjense. Hace un año, a mediados de noviembre, luis videgaray caso estimaba, dentro del presupuesto de ingresos, el costo del petróleo a 179 dólares por barril y ahora las prevenciones se sitúan entre 35 y 40 dólares aunque, por desgracia, sabemos que será difícil mantener tales precios sobre todo después de las barridas bélicas en Siria en donde Rusia y Estados Unidos tratan, con la furia de Francia, de manipular la compraventa del crudo, bastante más trascendente para ellos, que acabar con las células terroristas que bien sabemos se han expandido por el mundo y no permanecen concentradas en Siria e Irak, cuya devastación es brutal: sólo en los primeros días de bombardeos se multiplicó por cien el número de muertos por los atentados en París, sobre todo de niños y mujeres en un acto de barbarie sin límite… bastante peor a los sanguinarios terroristas sin moral ni escrúpulos.

Ante esto, ¿qué puede esperarse del gobierno mexicano? Una rica cena de Navidad para los altos funcionarios y una compartida Rosca de Reyes el 5 y 6 de enero con motivo de la llegada de los “Reyes” a una nación republicana. ¿No habría manera de ir cambiando los formatos en tiempos en los que las monarquías, la de los Borbones más, apestan?

Por desgracia, en México los conflictos sociales no derivan de la aplicación republicana –que debiera ser herencia histórica intocable- sino de la profunda corrupción alcanzada, acaso la mayor desde los tiempos de Miguel Alemán Valdez en el final de los años cuarenta y principios de los cincuenta de la centuria anterior, por el régimen peñista. Esta presea indigna ya no podrá ser desprendida del cuello del mexiquense gobernante cuyo juicio popular da lugar, desde ahora mismo, a una condena drástica.

No existe entidad de la República, y lo decimos con pena y dolor, en donde no me encuentre con denuncias variopintas sobre los excesos del poder y la abierta represión con menoscabo de los derechos humanos, sobre todo el de ser informados para evitar la manipulación constante de las fuentes ordinarias del poder. Los señalamientos contra alcaldes venales, gobernadores cínicos y autoridades federales que convierten en botín cuanto tocan, son los hechos cotidianos que plantean la descomposición total del tejido político nacional.

En estas condiciones, la devaluación incesante del peso, los tsunamis financieros desde el exterior –con el pretexto de operar el antinacionalista “acuerdo transpacífico de cooperación económica”, visto como “tratado” por la Unión Americana-, y la dependencia creciente de nuestro gobierno respecto al de las grandes potencias del Norte –lo que previmos cuando iniciaron las negociaciones en pro del Tratado de Libre Comercio bajo el salinato trágico por las inmensas asimetrías existentes-, nos mantienen en jaque y próximos al mate definitivo de cuanto resta de nuestra atormentada soberanía.

En tal escenario presentar a los maestros unos exámenes supuestamente “evaluatorios” impregnados de cuestiones capciosas, de doble sentido o abiertamente interpretativas -para juzgar, digamos, siempre con doble sentido-, resulta una trampa grosera, ofensiva para la inteligencia y obviamente ajena a las cuestiones académicas; con ello, claro, se trata de reventar a los miembros del gremio magisterial sin el menor pudor con la intención de descalabrarlo y vaciar las plazas para entregarlas a los afines al gobierno peñista: para eso sirve la incorporación del otrora consejero, y proveedor de amigos (as), Aurelio Nuño Mayer, designado secretario de Educación sin la menor trayectoria para ello acaso porque en su juventud, que apenas está terminando, nunca se ocupó de los problemas de la docencia sino, más bien, dedicó sus empeños en mantenerse cerca del presidente peña nieto para construir su propia carrera hacia la Primera Magistratura. Un farsante de los pies a la cabeza.

Todo ello bajo el flagelo de la violencia que puede asimilar a los roles terroristas que ya comienzan a causar escozor luego de detenciones en la frontera de individuos procedentes de Siria y Medio Oriente, ilegales –esto es sin papeles como tantos millones de mexicanos obligados por las circunstancias a vadear los lindes para integrarse a la agricultura dominada por sus patrones estadounidenses-, evidenciándose de esta manera como presuntos delincuentes –aunque no debamos generalizar-.

Por todos lados nos golpean. Las ofertas sobre bajas en la gasolina y la luz se darán, si es que así ocurre, cuando ya hayan subido tanto que las rebajas resulten insustanciales. Esta falsedad flagrante es la línea de conducta de un gobierno sin la menor sensibilidad social y que arriba hoy a su tercer año de gestión sin siquiera resolver si el presidente está enfermo o no. Nuestra versión es la misma: su merma personal es consecuencia de una enfermedad seria, posiblemente cáncer –como me han revelado cercanos colaboradores suyos aunque otros niegan la especie tratando de convencerme de que sus lastres físicos son consecuencias del exhibo ejercicio o la promiscuidad sexual-, que obliga a mantener sus expedientes médicos bajo los siete candados de la ignominia. Un desastre detrás de otro en plena catarata de demagogia.

Así llegamos al último mes de un año difícil, en donde los genocidios no paran –si bien son menos escandalosos desde los sucesos de Tanhuato y Apatzingán-, ni la violencia general ha podido detenerse. Todo le ha fallado al señor peña; todo. Y aun así se empeña en gobernar a una nación devastada por el sistema, el priísta, atormentada por la derecha y dividida por una izquierda irresponsable y torpe.

No parece haber solución al mediano plazo. Deberá buscarla la ciudadanía en su conjunto.

Debate

Quienes protestan son delincuentes en potencia. Lo mismo los jóvenes de Ayotzinapa que secuestran autobuses y son baleados a diferencia de los “deportistas” seguidores del América o los Pumas –no me encuentro entre ellos, por favor, aunque sea el equipo de mis preferencias-, quienes pueden hacer lo mismo en la capital sin ser motivos de persecución, represión e infames señalamientos. A los segundos, al contrario, hasta se les brinda escolta acaso porque los camiones que substraen perentoriamente no están cargados de drogas. El negocio oculto de los dueños de las minas abundantes en la región de Iguala y Cocula, sobre todo del oro cuyo acaparador mayor es el siniestro Alberto Baillères González, el intocable premiado por el Senado.

Los maestros engloban el segundo plano de los perseguidos. Sus evaluaciones, no académicas, los han encendido más y, con ello, habrá pretexto para seguirlos señalando como meros revoltosos que molestan a los ciudadanos de bien con manifestaciones molestas para quienes no se atreven a desfogar sus propias frustraciones. Mientras, el sesenta por ciento de las aulas en el país están en estado de desastre por el abandono de un gobierno que invierte, cada día más, en materia bélica gracias al tráfico de armas cuyo negociante principal, Jaime Camil Garza, es el mayor socio de los presidentes… desde ernesto zedillo. Todo parece tan conveniente.

Así como el ruso Vladimir Putin señaló a Barack Obama como responsable de vender armamento pesado a los miembros del Estado Islámico –como siempre hacen para mantener una de sus industrias más prósperas-, en México podemos denunciar al general salvador cienfuegos por cuanto se refiere a las compras de pertrechos a cambio de dejar operar a las mafias dentro del territorio nacional desde donde exportamos armas hacia Asia, sobre todo. Todo tiene un origen y un efecto.

La Anécdota

Me encontré recientemente a Jesús Ortega Martínez, uno de los hombres fuertes del PRD. Le pregunté si creía que Andrés Manuel fuera capaz de aglutinar en torno suyo a quienes creen en la izquierda y cuantos asumen que sólo él puede lograr el esperanzado cambio:

–No lo creo y el problema es irreversible: él ha partido a la izquierda y ello será aprovechado por la derecha.

Es, en este momento, el mejor aliado del continuismo. Analícenlo bien. No son las alianzas lo que nos separaron de él sino su soberbia a admitir que para ganar es necesario hacer política, negociar y luego disociar.

Y hablamos más mientras nos veía, muy cerquita, el secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña. Estábamos en los toros.