Rafael Loret de Mola – La Peor Crisis

RAFAEL LORET DE MOLA

  • La Peor Crisis
  • Votar pide peña
  • ¿Qué busca Bond?

Por Rafael Loret de Mola

Rafael-Loret-de-Mola-La-Peor-CrisisLa crisis financiera que se avecina –y no pocos la resienten ya-, aunada a los intereses corporativos y a la apertura obligada de nuestras puertas al capital externo en ausencia de liquidez propia, resulta de poca monta ante la avalancha mayor; lo mismo puede decirse de la descomposición política, destinada a ser irreversible a partir de los comicios del 7 de junio, cuyos tentáculos, como hemos dicho de manera reiterada, alcanzan a cada una de las dirigencias partidistas y, sobre todo, a una militancia reacia a escuchar las voces de los contrarios y empeñada en valorar sólo cuanto devenga de la propia causa. La intolerancia puede convertirse en crispación y ésta en estallidos sangrientos indeseables.

Pero ninguna de las perspectivas anteriores es peor a lo planteado por el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, un hombre de bien hasta donde podemos conocerlo, quien le expresó al señor peña nieto, en las vísperas de cumplirse el primer semestre desde la “desaparición” de los muchachos de Ayotzinapa, que NUNCA como ahora se había dado un período más severo de crisis en cuanto a los privilegios primarios del hombre como la libertad de expresión y el imperativo de justicia; el mandatario escuchó el señalamiento como si fuese sólo un referente histórico y no pareció inquietarse ante la tremenda responsabilidad que tiene ante los sucesos perturbadores cuya continuidad asfixia a un gobierno negligente, torpe y, para colmo, ciego.

Es cierto. La inseguridad de los mexicanos, su angustia y sus rencores además, es referente cotidiano no sólo entre nosotros sino a la vista de los observadores foráneos quienes se preguntan cómo puede resistirse tanto sin buscar algunas otras opciones políticas para dirigir al país. Recuerdo la sentencia de un colega chileno, quien se hace llamar Manuel Capitán Cianuro, luego de contarme que no pudo evitar marchar en las instalaciones de la FIL Guadalajara en demanda de atención al caso de Ayotzinapa:

–En mi país, si un presidente se marcha a China y Australia –los territorios más alejados de México-, en plena emergencia social por el escándalo de Iguala, ya no estaría en el poder. Seguro.

Y vaya si han sufrido desde allá, en donde, en el septiembre negro de 1973, cayó el gran Salvador Allende, el socialista quien pretendió avanzar con su doctrina por la vía de las urnas y luego aplastado por los intereses trasnacionales –de la telefónica ITT como él denunció ante la ONU-, bajo los signos de la más abyecta traición. Menos mal que el tirano pinochet supo del repudio universal antes de inclinar la cabeza para hundirla en el inframundo.

En México solemos diluirlo todo en la anécdota y sólo encontramos segmentos de las pretensiones originales. Por ejemplo, cuando se fundó la primera CNDH, en 1991 y a instancias del usurpador carlos salinas, el titular que la inauguró se negó a aceptar, por ejemplo, la tesis sobre si los fraudes electorales serían del conocimiento de la Comisión dadas las repercusiones del mismo sobre las libertades colectivas, entre ellas la básica dentro de la democracia: el ejercicio de la soberanía popular a través de las urnas. Me respondió, muy serio, poco convincente:

–En las elecciones no actuaremos… porque ya existen tribunales para conocer de los excesos y resolverlos.

Un absurdo porque también existen instancias para juzgar latrocinios, asesinatos, genocidios y “delitos contra la salud” y ni por eso las sentencias están libres de sospecha y pueden dar lugar a la consiguiente revisión para establecer si se violaron o no los derechos humanos de los acusados o de terceros a quienes se culpa para alejar las sospechas de los entes del poder. ¿En este sentido los magnicidios, desde 1993 para no irnos más atrás, no debieran ser prioridad en las indagatorias del comisionado González Pérez, máxime que modificaron el perfil histórico del país y el futuro de los mexicanos? ¿Existe, acaso, alguna agresión mayor contra el colectivo que las masacres como las de Tlaltelolco, el Jueves de Corpus de 1971, Tlatlaya e Iguala y Cocula?

Todavía tenemos el dolor atorado en la garganta sobre todo por la ausencia de justicia, esa que cala muy adentro y no se queda en la piel. Por allí, algunos defensores del siniestro asesino manuel bartlett, hoy refugiado bajo los pantalones de Andrés Manuel como otros predadores más, han llegado a decirme que sobre el crimen contra mi padre deben existir los valores nacionales que ahora defiende el perverso, es decir los del petróleo gracias a una revisión del legado del general Lázaro Cárdenas –aprovechando que lee al contrario de otros-, como lo hiciera Nicolás Bravo, en tiempos de la guerra de Independencia, quien se negó a salvar del fusilamiento a su progenitor para no dar un paso atrás. Una tesis, claro, en medio de un contexto claramente manipulador.

¿Es tan sencillo olvidar el pasado si se demuestra que se puede ser útil en el presente para alguna causa partidista? Si es así, y lo pregunto a mis lectores, sería válido incorporar a los economistas salinas, aspe, zedillo y serra puche, entre otros, a la causa de la izquierda para arropar al ex secretario de Gobernación que canceló la posibilidad de una alternancia hacia la izquierda, ganada por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, bendiciendo la entronización de la mafia salinista a la que ahora fustiga con hipocresía inaudita. Los crímenes, según esta teoría, dejan de tener importancia si no se ha ejercido la justicia ni se ha confinado a los altos miembros de la clase política, siempre y cuando se pasen de un bando a otro, en la oposición, para incomodar a sus antiguos correligionarios.

En política también se dan los extraviados y los estrafalarios que así explican su sumisión, fervorosa, a los mandatos de una dirigencia o de un solo hombre exaltado hasta el Olimpo de la vida institucional, lo mismo si ejerce la Presidencia de la República o mantiene su campaña contra la ilegitimidad de este –con lo que concuerdo plenamente- pero sin conceder valor a otros argumentos fuera de los suyos… aunque utilice el término “despeñadero” que este columnista suscribió en los albores de 2013 en un libro que lleva por título el término, editado por la Fundación Loret de Mola en ausencia de editoriales incapaces de romper sus respectivos maridajes con el poder público. ¡Se gana bastante más con las concesiones para editar el noventa por ciento de los libros de texto gratuitos! El miserable diez por cierto es encargo de la comisión respectiva. Una tras otra.

Sí, amables lectores. La peor de las crisis tiene que ver con la marginación de los derechos humanos. Si entra en este apartado –hasta ahora mi experiencia ha sido negativa-, la libertad de expresión, podríamos decir que llegamos al linde de la intolerancia, no sólo desde el gobierno ilegítimo –dada la ausencia de consensos y el creciente rencor público-, sino igualmente en los núcleos cerrados de las militancias favorecidas, sea con candidaturas o por nexos con intereses corporativos que mantienen gracias a cercanías políticas y el consiguiente tráfico de influencias, y a la asfixia de una sociedad atemorizada.

Clamo por ‪#‎Cero‬ Cobardía con la seguridad de que ésta, aunada a las comodidades pasajeras, podría redimirnos de tantas omisiones cívicas. Como lo decía el viejo Porfirio Díaz: a los mexicanos hay que darles techo y pan –el de migaja-, y de la política nos ocupamos nosotros; y lo mismo se argüía en la España franquista: “mientras tengamos cómo sobrevivir, no me importa lo que haga el caudillo” –esto es “desaparecer” a la mitad de los españoles para alcanzar la paz… de los sepulcros, como se decía en tiempos de Díaz.

Pues con todos estos precedentes, el ombudsman mexicano advierte que la crisis ahora es mayor a ninguna de las registradas anteriormente. Estamos al aire, sin defensas posibles, en plena caída de valores y de autoridad moral. No sé ustedes, pero a este columnista le perturba cotidianamente amanecer en un país que va directo a la condición de “estado fallido” por la pésima conducción de un imberbe presidente quien ha elevado la corrupción a los niveles más altos imaginables. ¿Es esto lo que se apoya cuando se insiste en la urgencia de aceptar a los infames del pasado dándoles una “segunda oportunidad”? Entonces que todos los ex presidentes se asomen al balcón central de Palacio. (La última vez fue durante el mandato del general Manuel Ávila Camacho, entre ex mandatarios caudillos).

Debate

los timoratos y algunos convenencieros que no acudir a las urnas es irresponsable porque con ello se favorece a quienes integran el poder, real y político, en este México contaminado por las mafias; más bien, el abstenerse, como postura meditada, no debe ser escandalosamente cuestionada porque son más los mexicanos que perciben no ser representados por alguna de las corrientes políticas existentes ni por los candidatos “ciudadanos” con una millonada detrás reunida a su paso por otros cargos públicos y bajo colores partidistas. Hay excepciones, claro, y les deseo llegar a buen puerto.

Pues bien, el señor peña se ha dado a la tarea de promocionar las elecciones del 7 de junio alegando que pueden los concurrentes a las urnas votar sin el menor apremio:
“Serán –dijo el mandatario- los comicios más fiscalizados de la historia”.

Una especie de confesión de parte por sus propios pecados del pasado y el anuncio sobre la limitada autonomía del Instituto Nacional Electoral dispuesto a seguir las consignas. Desde ahora hay sospechas, y muy fuertes, sobre el devenir de la jornada en entidades de difícil acceso como Tamaulipas, Michoacán y, sobre todo, Guerrero en donde los maestros disidentes estarán prestos a no dejar instalar las casillas en las escuelas; por cierto, hablan del noventa por ciento de las ánforas. Imposible legitimar con este bloqueo elección alguna.

Debemos insistir en un punto: es necesaria, urgente, una reforma que permita anulas las elecciones en las que no concurra siquiera la mitad más uno de los empadronados. Ya sucedió en Tamaulipas, en 2010, cuando sólo se presentó a votar el veinte por ciento de los enlistados por el clima de violencia imperante que cercenó la vida del médico Rogelio Torre Cantú favoreciendo con ello la asunción de su hermano Egidio quien llamó la atención por su discurso emotivo en las honras fúnebres de su fraterno. Una vergüenza.

Por desgracia, en México, desde la usurpación salinista que se acreditó el 50.4 por ciento de los votos, las minorías gobiernan y las mayorías silentes justifican. ¿Lo haremos de nuevo?

La Anécdota

Es una broma simpática pero muy significativa para estos tiempos en que se ha perdido la ruta… y también la dignidad en las altas esferas. Me dijeron, respecto a las filmaciones del 007 en el centro histórico de la ciudad de México –la cinta se llamará “Spectre”, como si fuera alusiva a los fantasmas correosos que nos rodean-:

–¿Qué se habrán robado peña y su gaviota durante su visita a la realeza londinense, que vino Bond a investigarlos?

Por lo pronto, el zócalo se alquila. Nos ha quedado muy claro.

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