26 octubre, 2020

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Rafael Loret de Mola – Minas a desactivar

RAFAEL LORET DE MOLA

Por Rafael Loret de Mola

Si el señor enrique peña nieto cae en depresión y rectifica en sus reiterada condición autocrática -esto es gobernando para él y sus amigos-, el país estará en riesgo de una quiebra social, económica y política de elevados decibeles.

De hecho, ya comenzaron a notarse los primeros síntomas como la enfermedad del Mandatario, considerada cuestión de seguridad del Estado nadie sabe por qué.

Dijéramos que la senda a recorrer está sobre un campo fuertemente minado con posibilidades de estallidos sonoros y devastadores.

Más cuando el propio presidente en funciones insiste en hacer cuanto no estaba planeado desde el inicio de su campaña y desdeñar las ofertas hechas en ese momento.

Por ejemplo, la tardanza en estructurar la Gendarmería Nacional no ha podido desarrollarse del todo, apretada en cinco mil miembros, por el malestar de los mandos castrenses, quienes ya están hartos de corporaciones destinadas a mermar la fuerza institucional del Ejército y la Marina.

La guerra contra los narcos no es solo propagandística, sino es también un negocio.

No sOlo las cuentas dadas no son buenas sino, igualmente, la perspectiva hacia el futuro obviamente amañada por intereses que rebasan al titular del Ejecutivo, de tal modo, que las decisiones políticas chocan con las demandas empresariales y las banderas sociales son arrolladas por las corporaciones que sólo buscan obtener pingues ganancias a costa del erario.

A eso se enfrenta el mexiquense quien, como sus antecesores panistas, llegó a la cúspide presidencial sin conocer funciones y límites perdiendo, con ello, un valioso lapso.

Todavía hoy, las disparatadas cifras que pintan de color rosa la sangre derramada por la violencia imparable, nos recuerdan a las apoteosis presidencialistas de los años setenta y ochenta con un Congreso disciplinado y con escasa potencialidad ante el titular del Ejecutivo.

¿Cambios en el gabinete? Más bien una burla que encumbra como canciller a Claudita Ruiz Massieu, sobrina del siniestro Salinas, y lleva a Enriquito de la Madrid a la Secretaría de Turismo, que se había convertido en un feudo para las damas desde la lejana llegada de Rosa Luz Alegría en el periodo de López Portillo.

Y ni qué decir de los demás, con la aparición ministerial de Aurelio Nuño Mayer, uno de los consentidos, en la Secretaría de la Educación cuando no ha sido capaz de enseñarle a su patroncito ni las capitales de los estados.

El maridaje entre legisladores y el Ejecutivo terminó cuando, durante su sexto informe de gobierno, el oscuro Miguel de la Madrid Hurtado, quien prohijó el “boom” del narcotráfico y posibilitó la llegada de franquicias del exterior, introduciendo a México al sistema general de aranceles, para beneficiar a colaboradores suyos como Manuel Alonso, su vocero, quien dirigía una columna en Excélsior dando línea y redactada por Rafael Carmona, el mismo que ahora, quisquilloso, resta toda respetabilidad a la función pública.

Es cuestión de tiempos y acomodamientos en un horizonte contaminado por los virus del mesianismo, dentro y fuera de la casa
presidencial.

No existen líderes, sino aspirantes a Mesías y con clara tendencia a subsistir arropados en la impunidad.

Quizá por ello fue tan molesta para Andrés Manuel López Obrador la revisión de sus vehículos -flamantes Suburban de un blanco inmaculado-, a la salida de Valle de Bravo hace un año.

Cualquiera de nosotros que se hubiera mostrado tan altanero como el dirigente de Morena ante la soldadesca quizá no hubiera podido contarlo o, cuando menos, habría sido tratado con una rudeza extrema.

Pero a él, le dejaron que limpiara sus dientes con un palillo mientras exigía que fueran a Los Pinos a encontrar las armas que buscaban en los motores de sus unidades de lujo.

Tres, nada menos, insisto.

Esto es: encabezar un movimiento político NO es motivo, de ninguna manera, para considerarse intocable, el término usado por Peña Nieto para refrendar que nadie es distinto ante la justicia; pero no es así: Bien sabemos que a los adversarios del régimen les va mal, muy mal, si caen detrás de las rejas incluso fuera de México como la venganza que en mí consumó el infeliz de Calderón en España agigantando un incidente casero sin importancia alguna como debieron avalar los testigos.

En aquellas veintiséis horas sentí lo que duele ser avasallado por la injusticia derivada de la infamia y de una acusación sin fundamentos y posteriormente negada por la denunciante quien, obviamente, se había puesto de acuerdo con la embajada mexicana, entonces encabezada por el ex gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, un sujeto de idéntica dimensión y talante que el del pobre Calderón, quien ahora hace esfuerzos denodados -un libro, 10 presentaciones, y un incesante corre y corre entre México y Harvard-, para que quede plasmado su nombre entre los estadistas cuando fue solo, como Ernesto Zedillo, un simulador en la Presidencia al servicio de los intereses foráneos, jamás de los mexicanos.

Por ello permitió la intolerable intromisión de los marines para tareas de persecución a los “capos”, las que igualmente debieran realizarse en territorio norteamericano en donde los cargamentos del mal recorren miles de millas sin el menor agobio, con la consiguiente inestabilidad permanente que nos acerca al “estado fallido”, numen de los fortalecimientos militares en la frontera, sobre todo en Texas cuyo gobernador James Richard “Rick” Perry ya se dio el lujo de disponer a miles de elementos de la Guardia Nacional con autorización para cazar indocumentados.

Y, naturalmente, como requería un pretexto, aseguró que, aunque carecía de información precisa, estaba seguro de que los yihadistas, tras el asesinato del periodista James Foley, estaban listos a entrar a territorio norteamericano por nuestra frontera común.

Con el torpe anuncio del xenófobo Perry, otra vergüenza más de la política estadounidense cuya prepotencia dibuja a sus protagonistas per se, los terroristas vadearán las rutas y entrarán por cualquier otro sitio, por mar o por tierra, en aviones secuestrados o en submarinos que se estacionen, con misiles, frente a las costa de Nueva York poniendo nerviosa a la Estatua de la Libertad y su corona de laureles.

Por allí pasaban los inmigrantes de Europa antes de ser… encerrados al pie del monumento, en la Isla Ellis.

Las eternas contradicciones de los farsantes.

Y esto es lo que nos está pasando: Cuando crecen las confusiones es porque, sin duda, las parodias se extienden sobre un colectivo al que se pretende ingenuo pero que ya no es tan sencillo engañar como no hace mucho, digamos en el 2000, cuando se creyeron gran parte de los mexicanos que el enfermo -de egolatría-, Vicente Fox, haría realidad el sueño de un cambio; de haber sido así, el PAN no habría perdido el poder en dos sexenios de desviaciones, equivocaciones y desequilibrios.

No supo gobernar y acabó marginándose de sus relaciones con el Legislativo y, peor, con cualquier asunto controvertido que lo pusiera en predicamento: Dejó correr el tiempo, lo hemos dicho ya, perdiéndolo lastimosamente.

Me temo que vamos, de nuevo, a tropezar con la misma piedra.

Sería el tercer quebranto consecutivo lo que ya elevaría nuestra dosis de estupidez general.

El señor peña nieto anuncia lo que no va a poder realizar y esconde, detrás de la espalda, las reformas y proyectos que le han ordenado realizar el Fondo Monetario Internacional, en materia financiera, y la Casa Blanca en cuanto a lo político.

En lo social estamos en manos de los gobernadores de California, Arizona, Nuevo México y Texas, los fronterizos, listos a dentellear cuanto puedan sobre los indocumentados creando una problemática adicional: Las drogas pasan, como por encanto, y los trabajadores que son útiles por su barata mano de obra y su dedicación, cada vez confrontan mayor dureza y será peor bajo la vigilancia de los “cazadores” de seres humanos integrantes de la Guardia Nacional norteamericana.

Creo que nunca antes habíamos sido tan dependiente de los vecinos del norte; pero esto jamás lo reconocerá el señor Peña Nieto quien, por cierto, comenzó con buen pie en este sentido: negándose a refrendar la permanencia de los marines estadounidenses en la Secretaría de Marina.

No obstante, el intolerante Barack Obama -en su segundo periodo los presidentes estadounidenses suelen dejar de buscar votos para desarrollar venganzas-, le puso mala cara y se fue de México sin disimular una monumental rabieta.

Poco duró el malestar para el hombre de color que habita la Casa Blanca: En cuestión de días, las cosas volvieron a la “normalidad” con los marines en papel protagónico durante la captura de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, en febrero de 2014. Todos más contentos.

Pese al optimismo irredento de los mandatarios y sus corifeos, situados en el mirador de la política, los próximos meses estarán cargados de explosivos.

La economía va irremisiblemente para abajo, la política crispa y los movimientos sociales encuentran justificación por la intolerancia oficial y la ausencia de equilibrio entre las reformas y la soberanía popular observada como un término caducado.