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LA RECONCILIACIÓN

Por: Luis Ignacio Lujano Rivera

 

Hace años, todavía hace algunos meses, se veía muy lejos el famoso primero de julio de 2012 en México y había infinidad de especulaciones; fueron naciendo hasta por debajo de las piedras, infinidad de encuestas y muchas de ellas fueron desacreditadas; es propio de la naturaleza del ser humano desconfiar y hasta en la religión, cuestionar los dogmas.

Finalmente llegó la fecha cuestionada y ya pasó; igual que cuando se espera con ansia una fecha de cumpleaños para festejar y luego que pasa, sólo fue un día más.

 

Al final, después de las tan esperadas elecciones, todo mundo se ha dedicado a hacer análisis de los triunfos y derrotas;  y revisar por qué no hubo carro completo; o por qué, en el país se modificaron los resultados en las ciudades capitales de algunos Estados o se perdieron municipios emblemáticos de algunas entidades, que representan la historia de un Partido o el sitio del natalicio de los políticos que mandan en ese lugar.

 

Las conclusiones se visualizan en mapas de colores, tablas de excell y comparativos electorales de quién ganó en primera, segunda y tercera fuerza electoral; y se revisa quienes eran los responsables de abonar a la elección y sólo simularon que trabajaban.

 

Esto motivará, como es natural, una serie de cambios en los diversos gabinetes de gobierno; unos porque en unas entidades terminan sus mandatos y en otros, porque de la derrota, los daños colaterales implican cambiar a aquellos que jugaron en contra o que no pasaron el balón.

 

Lo que no tienen que buscar los sesudos analistas, es que la Política, -como el arte de servir a la ciudad-, según su significado etimológico, ha perdido total vigencia y que en estas elecciones recientes, la moda es el VOTO DIFERENCIADO, mismo que se da con toda naturalidad, porque se aplica el viejo y conocido refrán, que dice: “Cada quien ve para su santo”.


Si en un distrito o municipio ganó el candidato local y se perdió para su Partido la elección de Presidente, pues es simple, los intereses personales prevalecieron, sobre los intereses de Partido; todo ello para preparar el camino de la siguiente elección.

Desafortunadamente, ahora en la ‘politiquería’, se ha arraigado una terrible costumbre y semejanza con la vida: Desde que nacemos estamos expuestos a morir; y desde que resulta electa una persona en una elección popular, ya empezó a trabajar el que lo quiere suceder…

 

Más allá de seguir con cuestionamientos del fuego amigo o de resentimientos porque votaron por una opción distinta, a quien haya ganado, es el momento de la reconciliación nacional, evitemos la radicalización social, pues lo único cierto son dos cosas: Los candidatos ofrecen todo lo que pueden para ganar, aunque no lo puedan realizar; y aún cuando quisieran cumplir, los cambios estructurales de un país no están en un Presidente nada más, están en la decisión de cambiar de toda la población.

 

Si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos teniendo el mismo país, por muy bueno o malo que sea el nuevo Presidente, de acuerdo a su opinión o del lado que esté.

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