jueves , julio 18 2019
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¡Se Acabó, al Fin! y Los Niños de Trump

Por Rafael Loret de Mola

¡Llegamos! Algunos hechos trizas, otros hastiados –una estrategia oficial más para inhibir al voto-, y unos más dispuestos a defender la voluntad –soberanía- popular a cualquier costo porque si no es ahora, ¿cuándo podremos redimirnos? Los llamados a la insurrección revolotean por todos lados mientras quienes creemos en una revolución pacifista insistimos en que se respete el rumbo de los comicios y no se caiga en el terrible error de pretender otro fraude a base de algoritmos y demás recursos cibernéticos porque tal, no lo duden, pondría al país en el infierno mismo.

Los soberbios priistas alegan que quienes decimos estas cosas pretendemos manipular al colectivo suponiendo que sólo si pierde el PRI –desde el pobre tercer lugar de la contienda- puede haber democracia y no la habrá jamás si los números, no los votos, favorecen al no militante del partido en el gobierno quien no se afilia acaso por el mínimo de vergüenza que le queda. Debería responder a este embrollo siquiera en la última jornada, la de hoy, para tratar de aglutinar aunque sea a los priistas desbalagados. No lo hará porque sabe, muy bien, que le sería imposible gobernar con una nación mayoritariamente en contra y dispuesta a descabezarlo con o sin guillotina de por medio.

Pese a ello, y aunque parezca increíble, el señor peña insiste en creer –de acuerdo a versiones de personas cercanas a él- en la hipotética victoria de José Antonio Meade aun cuando ya sabe que éste no tiene el beneplácito de las dos potencias con injerencia en México, la del norte y la del Mundial de fútbol. El señor peña, literalmente, es odiado por los líderes de sendos países en pugna permanente por la hegemonía mundial que, por cierto, va ganando Rusia en cuanto su capacidad para hackear las “elecciones” de Estados Unidos para imponer al enajenad Trump al frente de la Casa Blanca –que fue negra hasta enero de 2017 y se convirtió en “dorada”, el color del poder financiero, desde entonces. Justo lo primero, cursi lo segundo. Y allí se sostienen.

El señor peña, por tanto, ya no tiene los controles para fraguar un “operativo” monumental –un fraude, pues-, de altos niveles ante la ventaja inamovible del puntero, en este caso Andrés, quien subió sus momios a cada golpe orquestado desde Los Pinos porque los mexicanos en general observan que lo oculto, dentro de la estructura oficial, en todo caso es mucho mayor al costo de una nave industrial o a la supuesta evasión fiscal de López Obrador, a punto de convertirse en ganador y luego en presidente electo durante largos cinco meses de inútil espera. 

De hecho, lo interesante de la última batalla, hoy, es la disputa por el Legislativo a sabiendas que los análisis marcan una presencia del 58 por cierto favorable a Andrés en la Cámara de Diputados y de 45 por ciento en el Senado. Como van las cosas, Andrés será el mandatario con mayor peso y fuerza desde la era del autoritario Díaz Ordaz, con el ejército además a su favor, no así la Marina –ojo con esto-, y los demás grupos de presión alineados.

La Anécdota

Trump parece calca de Hitler así como peña es copia modernizada de Antonio López de Santa Anna; el primero se caracteriza por separar a los niños migrantes de sus padres como los nazis lo hacían en los campos de concentración –no sólo de judíos cabe acarar-, actuando con la mayor infamia concebible después del genocidio o del holocausto. 

En ningún sentido puede tolerarse este brutal atentado contra los pequeños y sus familias, necesitadas de mantener sus fuentes de ingresos e indefensos ante la brutalidad de sus “carceleros”, sí, vestidos de gendarmes y de supuestos defensores del orden público. Todos son unos infames.

Las imágenes son desgarradoras y son comparables, terribles, de cuanto pasó bajo las botas del Tercer Reich en la Alemania de finales de la década de los 30s y el inicio de los 40s del siglo pasado. Trump es reencarnación del fürher y, como él, insta a reconocer la supremacía aria, en este caso la estadounidense, extendida la xenofobia y el odio.

Y lo que son las cosas: el único líder mundial capaz de detener esta barbarie es Vladimir Putin, el jerarca ruso, quien apoyó a Trump, a punta de hackeos, y luego se dio cuenta de que había creado a un nuevo Frankestein. ¿Dónde parará esta controversia soterrada que escala los niveles de la guerra fría? 

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