19 octubre, 2020

La Balanza Prensa la Noticia

Noticias del Valle de Toluca

Gobernar con Rencor

RAFAEL LORET DE MOLA

* Gobernar con Rencor
* Indagatorias Muertas
* El Pecado más Grave

Por: Rafael Loret de Mola

Los compañeros periodistas que forman la CONAPE –pronto modificará sus siglas por el carácter internacional que ya tiene con delegaciones de ocho países, uno de ellos europeo, Alemania precisamente-, me honraron al imponer mi nombre al “Pergamino de Oro” que destaca la labor de muchos colegas en pro de la libertad de expresión. Por supuesto, en tal ocasión, invitado a hablar, no podía sino rendir me personal homenaje a la reina de las libertades y me sitúe en el foro a hablar sin el menor resquicio de autocensura, uno de los males más extendidos entre los periodistas a causa de los intereses de sus medios o de los compromisos gremiales o, peor aún, sus nexos soterrados con los gobiernos. Entre la vocación y la claudicación existe un hilo muy delgado.

Por supuesto hablé largo sobre el tema. Estimo que la censura es un verdadero asesinato a la conciencia, un crimen moral que debiera ser motivo, sí, de una justa tipificación como delito, y grave, porque cercena los derechos naturales del hombre –el de la comunicación es vital en cualquier escenario y tiempo-, e inhibe la existencia de quienes son víctimas destruyendo, además, su prestigio que es el mayor capital de los periodistas, escritores, fotógrafos, caricaturistas y cuántos dedican sus existencias al desafío permanente de informar, más cuando se está a contracorriente de los gobiernos autoritarios, y como tales obcecados ante las críticas; esto es, sin otra capacidad de respuesta distinta a la represión vil y al acecho permanente destinado a la intimidación, no sólo contra el profesional de la noticia sino también a la familia de éste.

La censura, mata. Y esto debiera ser relevante para entender la enorme distancia que separa a la libertad de la realidad; al periodismo del poder público desde donde se fraguan, tantas veces, desapariciones y persecuciones endilgadas al crimen organizado, con señalamientos recurrentes hacia las mafias como las organizaciones más interesadas en silenciar noticias…cuando no es así exactamente. En realidad, quienes más fustigan a la crítica y a la relatoría de hechos que no coinciden con las versiones oficiales –casi siempre sesgadas y poco cuidadosas-, son aquellos funcionarios con nexos no confesables, con cárteles y bandas de secuestradores entre otros, y por ende temerosos de ser alcanzados por el fuelle de la opinión pública así sea sólo con el desprecio general y aunque no se llegue a la justicia. Casos hay tantos que cito uno reciente: el del ex presidente del PRI en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, alias “el basuritas” dado que su padre fue dirigente de los pepenadores hasta convertir la posición en cacicazgo hereditario. Igual sucede con el sindicato de mineros y otros más.

Fue curioso que el voluminoso y grotesco Gutiérrez de la Torre volcara su furia contra los reporteros de la fuente, señalándolos como culpables de su depredación personal en vez de encarar los señalamientos sobre el haber convertido a su feudo partidista en una suerte de burdel para la contratación de edecanes-suripantas, atrapadas por las ingentes necesidades, al servicio de las jerarquías de este partido por ahora en el poder presidencial. Deleznable, máxime cuando se conocen otras gravísimas acusaciones, jamás desarrolladas al tratarse de elementos “intocables” del establishment, como, por ejemplo, el yucateco emilio gamboa patrón, señalado varias veces por los niños abusados en Cancún gracias a la red creada por Jean Succar Kuri; pues ni con eso calló el pretencioso sujeto, cortado a la medida de Miguel de la Madrid y la célebre “cofradía de la mano caída”.

La censura, en cualquiera de sus formas incluso la de conciencia que es la peor de todas, conlleva igualmente la derrota de la democracia y la exaltación del modelo autoritario que coopta, financia o compra cuanto puede para acallar las voces críticas, deslindarse de los líderes naturales y aplastar a una sociedad necesitada de salidas justas para enfrentar al andamiaje de un sistema cada vez más aristocrático, esto es la antítesis de la democracia. Y, la realidad nos señala que si nos desviamos de esta ruta podríamos caer, una vez más, en una corregida y aumentada “dictadura casi perfecta” –rememorando al peruano-español Mario Vargas Llosa, de quien no entiendo su preocupación por obtener una doble nacionalidad luego de haber aspirado a la presidencia de su patria de origen-, o en una devastadora anarquía con enfrentamientos entre todos los sectores de la población. ¿Pueden imaginarse escenarios peores?

En Colima, en fin, analizamos la preocupación creciente porque sólo el cincuenta y tres por ciento de los mexicanos acepta y defiende el modelo democrático, mientras el veintisiete por cierto da cuenta de su incertidumbre y un veinte por ciento más, de plano, aspira a la autocracia al considerar que sólo así puede retornar el orden a un país descocado por obra y gracia de las mafias entrelazadas… obviamente también con el poder político. La estadística es grave porque se van perdiendo puntos; cinco en los últimos años en pro de la democracia. ¿Será esta la razón de que se escuchen con mayor fuerza los otrora susurros pro-porfiristas, reelección incluida? Podría ser…a costa de perder más de un siglo en busca de vindicaciones sociales exitosas. Ello sería, sin duda, el mayor fracaso de nuestra generación y tal debe decirse sin ambages.

Por eso, en el corazón de Colima, a la que sacuden a cada rato los volcanes de nieve y, sobre todo, de fuego, una alegoría de la naturaleza viva, me permití citar el caso de la valiente alcaldesa de Cuauhtémoc, la perredista Indira Vizcaíno Silva, perredista, quien ya fuera diputada federal a los veintidós años y tuvo una niña mientras desempeñaba este cargo popular, abandonada a su suerte por el gobernador priísta, Mario Anguiano Moreno, quien no disimula sus apetencias y respondió con palabras altisonantes a la prensa, en estado de ebriedad evidente hace pocas semanas: “los quiero mucho…hijos de su tiznada madre”.

Pues bien, al estilo del panista Emilio González Márquez, conocido como etilio por sus borracheras célebres, Anguiano, éste del PRI vuelvo a subrayar, no hace sino actuar sectaria, con usos facciosos –prefiero pensar así y no que se trate de un acto de misoginia ante una joven y físicamente atractiva funcionaria-, negándole participaciones al municipio que le arrebató el PRD a pesar de que arrancó con las encuestas en contra, esto es abajo por treinta y cinco puntos. Indira los remontó y dejó muy atrás a sus competidores. Ya se sabe que en tierra de caciques la oposición sólo vence cuando es por nocaut. Y la actual alcaldesa lo hizo.

Pero, desde entonces, el mandatario estatal sólo ha visitado una sola vez el municipio: precisamente cuando la presidenta municipal estaba ausente, en gestiones de financiamiento ante la cerrazón del gobierno estatal y sin que fuera avisada de la presencia del señor Anguiano para inaugurar un pequeño tramo carreteril. Ella solicita hablar –y no es nada desagradable dialogar con tal fina señora-, y se encuentra con las puertas cerradas al grado de que su presencia en el acto de la CONAPE fue motivo para que los priístas lacayos al gobernador desertaran o no hicieran sentir su presencia como en el caso del secretario de gobierno estatal quien optó por sentarse en las últimas filas y no se subió a los palcos del tercer piso para no llamar la atención.

Este es el tipo de asuntos que los informadores que se precien de ser libres de conciencia y sin intereses de por medio, deben siempre señalar, al costo que sea. No sirve quien dice tener vocación y enseguida se acomoda con los funcionarios del sector público o con los empresarios más voraces. ¡Hay tantos, por desgracia! Y de allí a la declaratoria de una nueva tiranía, como apuntan uno de cada cinco mexicanos -¡me siento impotente ante esta realidad!-, sólo hay un pequeño peldaño. Pero, ¿de verdad queremos retornar a la década de los ochenta del siglo XIX cuando Don Porfirio se apropió del alma de México y canceló libertades a costa de realizar obras públicas? Por favor, lean “México Bárbaro”, de John Kennet Turner –una crónica imparcial sobre aquellos años con varias ediciones-, y luego formen sus criterios.

Debate

En Colima existe un reclamo que nadie ha podido silenciar: la urgencia de resolver el crimen contra el ex gobernador Silverio Cavazos Cevallos, al doblar la esquina de su mansión el 21 de noviembre de 2010, por sicarios que se habían mantenido emboscados a unos metros. Fue entonces cuando llegó a saludar al ex mandatario, uno de los más cercanos colaboradores del gobernador Anguiano Moreno, sobrino de otro ex mandatario, Fernando Moreno Peña, cuyo mandato se caracterizó por latrocinios escandalosos. Por ejemplo, cada que realizaba una obra urbana, como la del circuito que rodea a la capital colimense, se apropiaba de los terrenos circundantes para obtener cuantiosas plusvalías mientras levantaban, en los aledaños, zonas comerciales de lujo con almacenes del primer nivel.

Es curioso, en Colima se han dado otras muertes de figuras cumbres poco investigadas: la del profesor Antonio Barbosa Heldt, quien presuntamente se suicidó el 18 de septiembre de 1973, electo gobernador y a semanas de tomar posesión del cargo. Luego “aparecería” una carta dirigida a Mario Moya Palencia, por ese entonces secretario de Gobernación, en donde le explicaba que padecía males renales insoportables. La verdad fue otra: el casi gobernador fue acribillado en su oficina por sicarios de sus enemigos políticos.

Y años más tarde, el popular mandatario, Gustavo Vázquez Montes, cayó con su avión en las inmediaciones de Michoacán, allá en donde las mafias se han extendido, muriendo en el acto. Era el 24 de febrero de 2005, pocos días antes de que falleciera el recién canonizado Papa santo, Juan Pablo II, ahora tan cuestionado. No hubo más explicaciones al respecto.

¿Coincidencias o amafiamientos entre grupos antagónicos? Piensa mal y acertarás, dice el refrán; y, casi siempre, es así.
La Anécdota

Desde antes de su canonización, el pasado domingo 27 de abril, la figura de Karol Wojtyla ha sido tenazmente cuestionada. En México algunos sectores han sido atropellados por las versiones acerca de la protección brindada, de manera inexplicable, al pederasta Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y muerto, el 30 de enero de 2008, aislado de la Iglesia por decisión de Benedicto XVI quien investigó, antes de subir al trono de San Pedro, los casos más escandalosos de curas y jerarquías amorales.

Pese a lo anterior, estimo que el mayor pegado de Juan Pablo II, sin desdeñar lo positivo de su obra que fue mucha, consistió en olvidarse de su antecesor, Juan Pablo I, Albino Luciani, quien apareció muerto a los treinta y tres días de haber sido designado Sumo Pontífice en medio de un vendaval financiero que afectaba las inversiones del Vaticano a través del Banco Ambrosiano. En la trama figuraba el arzobispo Paul Marcinkus, quien fue protegido por Juan Pablo II al grado de designarlo, para todos sus viajes, asesor y hasta guardaespaldas por su fortaleza física.

Los santos, nos dicen, no son perfectos porque, al fin y al cabo, son simples seres humanos. De acuerdo a esta filosofía, divulgada por los abogados de las causas de Juan XXIII y Juan Pablo II, ¿cómo puede sostenerse la supuesta infalibilidad de los Papas en cuestiones de fe y dogma?
Para analizar.