24 noviembre, 2020

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Parodias Partidistas y Confusa Independencia

  • Parodias Partidistas
  • Confusa Independencia

Por Rafael Loret de Mola

Llenaron de independientes, algunos conocidos, el único cauce que quedaba para el surgimiento de verdaderos liderazgos naturales dispuestos a aglutinarse para comenzar la epopeya de la verdadera reconstrucción nacional, la del sistema, en medio de una emergencia vigente con miles de damnificados abandonados a su suerte mientras funcionarios inmorales administran las ayudas, enviadas desde distintos países, desviándolas de su curso sin explicaciones de ninguna clase, salvo la reiterada autocomplacencia sobre sus supuestas inocencias. La cereza del pastel de la corrupción.

Los dirigentes partidistas, comenzando con Andrés, siguiendo con el Frente Opositor Ciudadano y concluyendo con el escatológico Enrique Ochoa Reza, del PRI, determinaron, primero, aportar un veinte por cierto de sus prerrogativas –en el caso de MORENA-, para después llegar, en la cúspide de la demagogia, al cien por ciento ofrecido por los partidos frentistas, el PAN, el PRD y su cola el Movimiento Ciudadano –en donde, seguramente, Dante Delgado Rannauro no pudo aguantar más los gritos que le endilgó Andrés, alguna vez escuchados por este columnista-, hasta culminar con el desplante de Ochoa Reza quien ahora “exige” cumplir a los demás con sus ofertas.

Mientras, las escisiones crecen dentro de los institutos políticos y el presunto José Antonio Meade Kuribreña no duda en utilizar un helicóptero oficial para visitar a vicente fox quesada, ahora con dolores en un tendón, en su rancho de San Cristóbal al lado de la sede de su imperial Fundación. Pero, ¿quién se fija en estas cosas, tan poco exhibidas en los medios impresos y electrónicos? Ni siquiera, en no pocos casos, se dieron cuenta salvo en las redes sociales en donde uno de los invitados al affaire político, con la señora marta en condición de guía y jueza, subió las imágenes irrefutables. Desde luego, Meade sabe quién lo hizo porque, varias veces, se quedó mirando al celularista entrometido. (Es hora de ponerles nombre a los adictos al aparatito que ha cambiado el rumbo de la información).

Por supuesto, es en el Frente –PAN, PRD y MC-, en donde se han observado los golpes de timón más severos con la fuerza intrínseca del miserable calderón quien no renuncia al PAN, por no dejar, mientras su consorte, la postulante, se aleja en los contaminados riachuelos de aguas negras con residuos de la clase política mexicana. Con ello, y la pulverización de independientes con capacidad económica para costear las firmas requeridas –casi un millón-, y el proceso de registro en general, amén de los costos propagandísticos, los niveles para obtener la Presidencia de la República descienden: acaso bastará con un veinte por ciento de los votos emitidos a favor, y el ochenta restante en contra, para alcanzar la silla ambicionada y con ello comenzar a pagar a los acreedores, cómplices todos, enredados en una interminable madeja de inmoralidades. 

Esto sucede en México, en este 2017, con rumbo al 2018.

La Anécdota

Pocas veces se había observado un caso de cobardía mayor al de Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat de Catalunya, quien declaró la independencia de “su” República y luego la suspendió ante el manifiesto temor impuesto por las empresas multinacionales engendradas en el hábitat catalán y que comenzaron a irse, también cobardemente, luego de haber alentado y hasta financiando la escisión. 

Catalunya no puede meter reversa y esto lo saben, muy bien, los españoles obcecados. La autoridad moral de España se perdió el primero de octubre y todo lo demás es acompañamiento en las pistas laterales del circo. 

Y, por cierto, bien haría el aprendiz Videgaray en repasar la Doctrina Estrada, tan nuestra y entrañable, que exige la autodeterminación de los pueblos por encima de cualquier otro derecho internacional; y no lanzar apoyos, creyéndose México sólo él, a la nación de la que nos independizamos hace dos siglos… por si no lo sabía por no “ler” al comodino estilo de Aurelio Nuño.