24 febrero, 2021

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Rafael Loret de Mola – Congresos Fallidos

RAFAEL LORET DE MOLA

  • Congresos Fallidos
  • El Chapo Protegido
  • Sobre Protagonismo

Por Rafael Loret de Mola

Cuando la representatividad popular se asienta en un Congreso que se desentiende de esta condición, su deber primigenio, para servir a los intereses macro-políticos de sus dirigentes, apuesta fervorosamente por la dictadura y, peor aún, se acerca peligrosamente a ella. Es el caso de México en donde el falso pluralismo –siempre cernido a las iniciativas presidenciales como numen para apretar la disciplina o elevar los chantajes interpartidistas-, ha dado cauce a una amalgama penosa del presidencialismo autoritario y la partidocracia incongruente, ayuna de ideología y hambrienta de ambiciones.

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Si el artículo 86 de la Constitución prevé la renuncia del presidente –no sólo la licencia indefinida-, por causas graves, condiciona las mismas a la interpretación y aval de un Congreso de la Unión que, por desgracia, parece separado de la realidad a la misma distancia en la cual se han situado los virreyes o ministros del rey o presidente porque, por si no lo sabían, en México se confunden los conceptos y ni siquiera sabemos separar lo que es una República a la caducidad imperial cuya persistencia, en el tercer milenio, es sencillamente absurda junto al falso derecho divino de los reyes. Ya no es tiempo de creer en tales sandeces.

Por desgracia, diputados y senadores de las últimas hornadas han privilegiado el nepotismo y las complicidades por encima de los valores de un electorado sumiso, cuya participación es hija de la manipulación –“si no votas te pueden correr de tu trabajo”-, o del miedo –“no te darán ni servicio médico”-, y no de una convicción democrática tras muchos años de reparaciones a medias del tejido electoral que, por desgracia, se rompe por lo vulnerable y el perfil de la mayor parte de los consejeros; por ejemplo el presidente de los mismos, en el Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Vianello, cayó en un abismo racista del cual jamás pudo salir y, aun así, por efecto de la voluntad presidencial, permanece en su cargo pese al desprecio mostrado por las etnias, un pecado que en este tiempo debiera ser inadmisible y severamente sancionado. Pero no pasa nada.

Es tan cínico Córdova que se da el lujo, a posterior, de informar sobre doscientas órdenes de captura por presuntos delitos electorales a cuatro meses y medio de la jornada comicial de este 2015 turbulento; además, claro, de mil 793 averiguaciones previas que habrán de resolverse, por supuesto, cuando los “presuntos inculpados” ya hayan dejado sus cargos respectivos. Una burla flagrante a la inteligencia del colectivo.

No sirve la actual “reforma política-electoral” por cuando a que no asume ninguna de las prioridades básicas para avanzar en democracia, la principal de ellas –sólo sugerida por calderón-, las segundas vueltas electorales, una fórmula adoptada en la mayor parte de los estados latinoamericanos y en otros del llamado primer mundo, para siquiera contar con la anuencia de la mitad más uno de los votantes –no de los empadronados-, para armar, a partir de ello, un gobierno de “mayoría” aunque no lo sea estrictamente considerando el elevado abstencionismo, de los registrados y de quienes ni siquiera cuentan, por desprecio, con credencial para votar.

Fíjense, en los últimos quince años han surgido algunos fenómenos populares que no han podido alcanzar la mayoría absoluta a pesar del fervor cívico depositados en ellos: el primero, el señor fox quien, en 2000, alcanzó el 42.5 por ciento de los sufragios con un aval de 15 millones novecientos mil electores lo que representó la voluntad de uno de cada cuatro empadronados aproximadamente; otro, Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco” fue electo con el 48 por ciento de los votos emitidos con una participación del 57 por ciento de los empadronados lo que reduce su espectro, aproximadamente, al aval de uno de cada cuatro neoleoneses en edad ciudadana; una proporción semejante a la del popular fox quien dilapidó su capital político en una cuantas semanas al optar por la continuidad y almacenar su propuesta principal sobre el cambio que él mismo se encargó de traicionar.

Pese a ello, los legisladores no reaccionan porque se encuentran en posición de cúbito forzada ante la presión de la marea de la Casa Blanca y de Barack Obama, quien ya no tienen nada que perder hacia el futuro aunque su cierre podría significar la caída del partido Demócrata y la posibilidad de un arribazón del “pato” –caramba por poco cambio de vocal y no con sentido homofóbico-, Donald Trump, el hombre para quien únicamente interesan los éxitos de los consorcios trasnacionales ante la vulnerabilidad de las naciones satélites. Por eso injuria levantando, hasta la cúspide, la xenofobia. Infeliz enajenado que exhibe el lado oscuro de los estadounidenses.

Quizá siguiendo la misma línea, pero en las sombras, el Congreso ha optado por signar el doloroso “acuerdo” o “tratado” transpacífico (TTP por sus siglas en español o TPP en inglés), que privilegia a los consorcios trasnacionales por encima de la soberanía nacional y con la Constitución acotada. Con ello se plantea no sólo la volatilidad de la clase política sino algo bastante peor: el sometimiento jurídico de México a las reglas extraterritoriales establecidas por el mismo TTP en casi todos los renglones de la vida económica y comercial de las naciones signatarias.

Hasta este punto, terrible, hemos llegado. Esto es, al manejo de la rectoría financiera de nuestro país desde la mansión de la avenida Pensilvania. No hay siquiera margen de maniobra ni límites de ninguna naturaleza… salvo si se nombra al propio Obama como director general de la nueva estrategia una vez que deje su cargo presidencial sin necesidad de despojarse de banda alguna para evitar que se le resbale por el escritorio. Ha sido, sin duda, el hombre de color más blanco de la historia.

El Congreso mexicano, lejos de supeditarse al nacionalismo para frenar la ruindad de los expansionistas, ha obrado a favor de los compromisos y propósitos del norte del continente, ahondando en las asimetrías históricas, para intentar salvar a un régimen repudiado, el del señor peña nieto, con la protección de los vecinos de más allá del Bravo. Desde luego, ello implica frenar o intentarlo los propósitos de China para invertir en México si bien sus bancos están listos a entrar a nuestro mercado en 2016 cuando los dólares de nuestra volátil reserva internacional, o una buena parte de ellos, hayan viajado ya a Europa, concretamente a España, para consolidar al euro y mantener en condiciones apenas aceptables la endeble economía española a la que ha calificado la jefa del Cuarto Reich, Ángela Merkel, como “mi perra”. ¿Pensarán lo mismo en los Estados Unidos sobre México y los mexicanos? No quiero responder, por un agudo dolor en el pecho, pero todos tenemos la respuesta en la mente.

¿Dónde está el Congreso para exigir cuentas, de verdad, a los autores de las matanzas que se han repetido desde junio de 2014 por casi todas las regiones del país? ¿En dónde los diputados que prometieron, en la elección de junio pasado, elevar los niveles de vida de sus “representados” aunque se olvidaran de ellos al momento de protestar sus cargos? Miserables, sí, imbuidos en la más feroz demagogia de cuantas tengamos memoria.

Y, por supuesto, el acto de mayor “congruencia” lo dieron estos mismos legisladores rapaces al aprobar la reducción del impuesto a las bebidas azucaradas, como la Coca y la Pepsi, bien alimentados por los interés soterrados de las mismas y su facilidad para extender “bienaventuranzas” pecuniarias, “compensatorias”, a los miembros de un Legislativo nauseabundo. Este es el Congreso que tenemos, mexicanos; díganme si no es hora de romper con el mismo.

Y, para colmo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se da el lujo de “ordenar” que las averiguaciones del caso Ayotzinapa –a trece meses de producirse los hechos-, pasen de manos de la Subsecretaría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SIEDO) a la de Derechos Humanos de la Procuraduría que, desde luego, es paradójica: quienes deben indagar se vuelven protectores de los investigados. ¿Y el Congreso? ¿No se habrán dado cuenta los diputados y senadores que están más marginados que los pobladores de los cinturones de miseria?

Con parlamentarios así sencillamente nos acercamos a la frustrante condición de un mal gobierno que nos conduce al estado fallido.

Debate

¿Quién protege a “El Chapo” Guzmán para que pueda volar sin rastros en los radares y utilizar Culiacán como su espacio de esparcimiento? Se le ha visto por allí varias veces, desde su fuga el pasado 11 de julio, sin el menor cuidado acaso porque sabe sobre la protección que le brindan las autoridades locales encabezadas por el “aliancista”, Mario López Valdés “MALOVA” –malo va-, quien tuerce la vista y el gesto cuando se le indica que a la vuelta del Palacio de Gobierno el mercado negro de dólares está en su apogeo lo mismo que el narcotráfico nada disfrazado.

Sendos personajes, Malova y “El Chapo”, sostienen los hilos del poder en Sinaloa; pero el del primero es perentorio y acaso ya se busca un reemplazo como él, digno de confianza para los “capos” que, de hecho, están enfrentados y de allí las filtraciones por las cuales se siguen las huellas de Joaquín Guzmán Loera y no, por ejemplo, las de Ismael “El Mayo” Zambada García, quien se decía heredero del primero y no ha sido jamás capturado; al contrario, fue más que sospechoso que tras la aprehensión de Guzmán Loera en febrero de 2014 sencillamente se convirtiera en un fantasma con la venia, claro, de las “fuerzas armadas”.

Pese a lo anterior, lo peligroso no es cuanto pueda significar la nueva guerra de “El Chapo” sino las evidencias del creciente malestar entre la marina –que hace todos los operativos significativos-, y un ejército marginal. Entre los mandos, sobre todo. Y esto no es una buena noticia para la estabilidad de un país en donde las corporaciones castrenses y policíacas llevan la batuta y el presidente sólo permanece en calidad de timbalero, aunque siga mandando en teoría.

La Anécdota

Respuesta al letrado Andrés Manuel. Escribe en su twitter:

“Señor Loret: Carmen no puede unirse a su movimiento. No trate de crear protagonismos: la nación necesita llamar a votar por Morena, no paros”.

Dos apuntes, nada más: Carmen Aristegui no ha manifestado militancia alguna en Morena; y ella tiene la suficiente libertad para decidir por ella misma y no inducida por nadie; y, segundo, no puedo entender que sólo sumándose a MORENA se sea capaz de protestar por el régimen putrefacto.

No busco protagonismos, Andrés: tengo muchos más años de periodista que tú como político incluyendo tu paso por el PRI. Y te hablo de tú porque alguna vez fuimos amigos, antes de que sumaras al execrable bartlett como tu perro faldero. Y no niego tus cualidades, qué conste.