27 octubre, 2020

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Rafael Loret de Mola – ¿En Quién Confiamos?

RAFAEL LORET DE MOLA

  • ¿En Quién Confiamos?
  • Candidatos Vencidos
  • Los Temores del Papa

Por Rafael Loret de Mola

Rafael-Loret-de-Mola-En-Quién-ConfiamosTermina septiembre con la evidencia de que no nos hemos “movido” ni un ápice. Ya se cumplió el primer aniversario del genocidio de Tlatlaya –en junio pasado-, y los padres de los cuarenta y tres normalistas desaparecidos insisten en Iguala exigen la presentación con vida de éstos aun cuando personajes execrables, como el Obispo de Slim –que fuera de Ecatepec-, Onésimo Cepeda Silva, arguya con cinismo galopante y un “altísimo” nivel de cristianismo, entre sorbo y sorbo:
–Desaparecidos están; desaparecidos se quedarán.

Benevolente manera de resolver la matanza con una sentencia con sabor a complicidad ramplona con la escatología gubernamental. Cuando llegue al más allá seguramente le esperará la ominosa sentencia del Creador que lo destinará al Inframundo sin remedio, ello de acuerdo a cuantas dice que son sus creencias si bien se guarda sus verdaderos pensamientos; algunos de ellos me los contó mientras, en el callejón de la Plaza de Toros de Las Ventas, observábamos un imponente espectáculo en mayo de 2010. En el tendido, por cierto, situó a sus acompañantes, entre ellos a Eruviel Ávila Villegas, actual gobernador del Estado de México deslumbrado por la posibilidad de seguir los pasos de su predecesor inmediato. Lo anoto por si los “verdes” le obligan a cursar otro camino para favorecerle con las migajas útiles de las alianzas turbias.

¿En quién confiamos? No en los acuerdos soterrados entre las dirigencias partidistas que siguen negando orígenes e ideologías con tal de asaltar políticamente a varios palacios de gobierno y repartirse el botín de las influencias. Luego vendrán las consecuencias: ni uno solo de los mandatarios “aliancistas”, ni uno subrayo, ha merecido su nominación multipartidista sino que se ha hundido con ella; de hecho han resultado los peores entre los más malos en una gama de treinta y dos funcionarios confundidos por los términos y creyéndose mandantes, quienes ordenan, contra la voluntad política de la ciudadanía en su mayoría. La mayor parte de ellos opera o ha operado sumando minorías –“antis” de todo, grupos lésbico-gays, en fase de hacerse mayoritarios saliendo de los clósets y radicales dispuestos a romper marchas y plantones de protesta para presentar a los luchadores sociales como irascibles y violentos-, y burlando la ley adaptándolas a sus apetencias personales.

Se da el vergonzoso caso de Coahuila en donde el nepotista gobernador, Rubén Moreira Valdés, hermano de Humberto el fugitivo –lo buscan las policías internacionales y su situación es tan grave como la del ex mandatario tamaulipeco acusado de lavado de dinero, Tomás Yarrington Ruvalcaba-, mantiene en el primer piso del Palacio de Gobierno el ominoso Museo de los Gobernadores en donde lucen las prendas de varios de sus predecesores, si bien la vitrina completa dedicada a Humberto ha sido modificada exaltando al actual dueño de la oficina central, cual si se tratase de una réplica del Monasterio del Escorial, joya de la España monárquica y de Felipe II, el de la gonorrea y la gota, cuyo silla se exhibe para quien quiera asomarse a las inmundicias.

Tampoco podemos creer en los “sabios” economistas quienes nos tienen sumidos en la incertidumbre aun cuando se dan el lujo de pretender optimismos a futuro porque ya no es creíble manejar el presente con la especulación al alza, lo mismo que el dólar, y nuestras fuentes de ingreso a la baja, como el petróleo como señal de alerta. Además, bien se sabe de las alcabalas cobradas por los “capos” sobre los tributos federales en veintidós entidades del país. En tales condiciones, la pretendida recuperación comienza a tener ribetes de lejana utopía. Por supuesto, la mercadotecnia de la demagogia tiene como pilar indiscutible a luis videgaray caso quien todavía se siente “presidenciable”… si desaparecemos el ochenta y cinco por cierto de los mexicanos y el país se convierte en una suerte de principado, como el de Mónaco, con la restauración de la “dinastía” Iturbide, jamás la de Moctezuma porque ello sería injurioso para los neo-conquistadores, y la exaltación de Porfirio Díaz, que ya comenzó en Londres, como el mayor de los “héroes” mexicanos en una regresión que niegue la esencia de la lucha revolucionaria del siglo XX. No falta mucho por lo visto y escuchado.

Imposible creer en las palabras de peña exaltando al ejército porque, dice, “asegura el respeto a la ley”. ¿Cómo en Tlatlaya, Tanhuato, Apatzingán y tantas operaciones más, incluso no pocas ocultas lo mismo en el norte que en Michoacán? No sólo se trata de genocidios sino igualmente de violaciones a cuanto entendemos por justicia y orden, entre ellas violaciones a mujeres –a las que se encuadra como suripantas para deshonrarlas de palabra después de haberlo hecho físicamente-, botines de “guerra” y sumisión de miles de mexicanos perseguidos y esclavizados a punta de bayonetas-, en un penoso retroceso a los tiempos de los caudillajes militares como señal, acaso, de lo que podría ocurrir en los próximos meses con un presidente en calidad de marioneta o ni eso.

Fíjense la contradicción: se han designado ochenta y tres pueblos mágicos pero sólo es factible y seguro visitar un tercio de los mismos a riesgo de ser perseguidos, ultrajados y desfalcados en las carreteras plagadas de sicarios que se combinan con los cajeros de las casetas de cuota y, específicamente, con los funcionarios de “arriba” para proceder con la mayor impunidad. Casos hay como el de los alrededores de Fresnillo, en Zacatecas, en donde es sabido que los asaltos se consuman a no menos de un kilómetro de las taquillas oficiales, en donde soldados y agentes federales suelen revisar los vehículos señalando a los que están cargados con maletas en apariencia repletas en plena colusión delincuencial. Y eso se lo debemos a los caciques de la región, los Monreal Ávila, cuyo escaso prestigio –o nulo-, todavía les alcanzó para conquistar la Delegación Cuauhtémoc en el Distrito Federal bajo los pantalones de Andrés Manuel López Obrador y su MORENA.

Andrés Manuel, lo mismo que Miguel Ángel Mancera Espinosa, han sido tocados severamente por los estragos contra la salud. Sendos personajes han sufrido infartos cardíacos que pudieron ser devastadores, sobre todo, en el caso del segundo quien quedó muerto, literalmente, sobre la mesa de operaciones y revivido milagrosamente a pesar de las contradicciones médicas sobre el procedimiento a seguir. Tengo la crónica completa.

Pero de lo que se trata ahora es de puntualizar si, más allá de simpatías o animadversiones, tienen aún el empuje necesario para encabezar campañas nacionales y, en su caso, dirigir los destinos de un país en jaque. En otras naciones, los antecedentes médicos les limitarían definitivamente; en México, ya tenemos tres años bajo la influencia de un presidente enfermo cuyas secuelas principales se han notado con la toma de decisiones viscerales, inútiles y contraproducentes.

Bueno, en la perspectiva mundial ya no hay político que se precie de credibilidad alguna. Ni el Papa Francisco quien visitó Cuba y los Estados Unidos recientemente amoldando sus discursos, sobre todo en la Asamblea Nacional de la ONU, sin mencionar algunas de las graves acusaciones que estigmatizan al clero católico, desde las acusaciones por los pederastas con sotanas hasta las alianzas non santas con criminales y dictadores pasando por la ejecución de algunos jerarcas, como el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en 1993, signadas en el fragor de negociaciones políticas; en el caso de México en la ruta de la reanudación de relaciones con El Vaticano a cambio de un apoyo incondicional al salinato criminal. ¡Y ni qué decir del ominoso caso de Marcial Maciel, reo del inframundo seguro, y los Legionarios de Cristo, congregación poderosa que sigue medrando con las indulgencias hacia los poderosos sin ensuciarse las casullas.
Esto es lo grave: la tremenda desconfianza en cada uno de los renglones del poder. Por eso es necesario rescatar la voz de la ciudadanía, sin dar el menor pretexto para la represión y la violencia. PARO NACIONAL. 14 DE OCTUBRE.

Debate

¿Qué puede decirse de los priístas y sus colas “verdes”, cuando se negaron a aprobar la creación de una Fiscalía Especial –cuyas antecesoras tampoco han dado resultados pero, cuando menos, han aplacado un poco la ira del colectivo-, para el seguimiento sobre el bárbaro caso de Iguala y el destino de los cuarenta y tres normalistas de Ayotzinapa? Ni vergüenza sintieron a causa de no ser merecedores, por ahora, de la menor sanción social. Con esos diputados más vale cavar un inmenso tiradero de desechos políticos. Ya están vencidos.

¿Lo están? Me sacude la interrogante cuando observo la impunidad que ha rodeado a los verdaderos responsables de algunas de las mayores tragedias recientes, la explosión de la mina de Pasta de Conchos y el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, sin merma de elecciones fraudulentas e impías –en Coahuila y Sonora-, y generosas compensaciones con cariz de complicidades sin límite, como las recibidas por los Larrea –“di” en vez de “ele”-, dueños del criminal Grupo México, uno de los más repelentes en la perspectiva trasnacional.

Los candidatos procedentes de estas opciones están, por supuesto, vencidos moralmente de antemano. Pero falta el correctivo final: el de las urnas y la exigencia posterior para evitar parodias como la de Colima, Sonora o Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, en donde se suplió la voluntad general con farsas armadas de antemano y puestas en juego a posteriori para “aplacar”, pensaron, la indignación general. No olvido y no lo haré; espero lo mismo de los afrentados a quienes conmino a NO bajar la guardia jamás y señalar, con dureza, a los grandes predadores.
Repito: han sido derrotados por la historia; no permitamos que se burlen más de nosotros.

La Anécdota

Cada vez que al Papa Francisco se le pregunta por qué no ha tomado en cuenta a México, la segunda nación con más católicos en el mundo, suele salirse por la tangente alegando que requiere tiempo planear una visita a este complejo país. En este sentido manda un mensaje: considera que la violencia en el país no le dota de seguridad suficiente o teme, sí, que afloren algunas de los grandes dramas prohijados o tutelados por la Iglesia en nuestro territorio.

Y vuelvo a puntualizar: el anatema de Marcial Maciel y la continuidad de los Legionarios de Cristo; el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en 193, numen de las negociaciones con carlos salinas; el engaño a Juan Pablo II sobre el templo que debió dedicarse a San Juan Diego, olvidado ya; y las decenas de casos de pederastas con sotanas a quienes la ley no alcanza. Me atrevería a agregar cuanto ser relaciona con el Obispo de Slim, Onésimo Cepeda Silva, parapetado con dinero malsano para eludir las denuncias penales contra él por apropiarse de la pinacoteca de Olga Azcárraga, ya extinta y lejana pariente del accionista mayor de Televisa. Tengo los datos en la mano.

También los temores conducen a la condena histórica… y al inframundo.