23 junio, 2021

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Sucedió una noche: el inicio de la comedia loca

Por Elizabeth Piña Hernández

En la década de los 30 nace la primera obra maestra de la comedia romántica, dirigida por Frank Capra,  Sucedió una noche (‘It Happened One Night’, 1934), estelarizada por Clark Gable y Claudette Colbert. Nos relata la historia de una joven rica llamada Ellie Andrews (Claudette Colbert), elegante, caprichosa y testaruda.  Al enterarse que su hija contraerá matrimonio con un vulgar aviador,  el padre se niega  aceptar lo cual obliga a su hija a huir en un yate y tomar un autobús hacia Nueva York en busca del que será su marido,  en esa misma  línea de autobús   también viajara  Peter Warne (Clark Gable), un corresponsal de prensa despedido. Es aquí donde se desata una disparatada aventura entre  ellos, aunque al principio se torna tensa ya que al enterarse por lo periódicos de su huida,  él aprovechará esta situación  para recuperar su trabajo, pero poco a poco el amor irá  surgiendo.

Sucedió una noche: el inicio de la comedia loca

Esta película inagura el screwball comedy (que en español fue traducida como comedia loca) la cual toma su nombre del beisbol, por un jugador que conseguía darle un efecto muy raro a la bola, cosa que se llamó “screwball”, de ahí que ese  término que se aplicara a cierto tipo de comedias en las que los personajes  tenían que permanecer juntos toda la película, soportándose, odiándose, pasando por todo tipo de situaciones delirantes, para poder llegar a un desenlace feliz y donde finalmente la tensión entre ellos se transformara en amor. Las claves de este subgénero eran su humor desvergonzado, con un ritmo ágil y conmovedor; unos diálogos mordaces e ingeniosos y, sobretodo, la voluntad de crear un espectáculo en el que se hicieran añicos los estatus, las normas, los roles o los prejuicios sociales. Sucedió una noche,  inauguró oficialmente este subgénero que duraría hasta 1942 aproximadamente, con la entrada en la Segunda Guerra Mundial, y dejaría para la posteridad otras obras maestras como La fiera de mi niña (Hawks, 1938).

Pero el  gran triunfo para la Columbia vendría (aunque en un principio nadie apostaría por la cinta ni por su éxito, ya que no se podía comparar con la Metro Goldwyn Mayer o la Warner Bros): ganadora de cinco Oscar: mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actriz y mejor guion. Pasarían más de cuarenta años hasta que “Alguien voló sobre el nido del cuco” (Forman, 1975), lograra tal hazaña.

Pero para conseguir esto el director Franck Capra tuvo que vencer muchos obstáculos: En aquella época la Columbia era un estudio muy modesto así que pidió prestadas grandes estrellas a otros estudios.  El presidente de la MGM le prestó a Columbia a su estrella número uno, Clark Gable, en realidad era una especie de castigo para Gable, éste quería un aumento de sueldo y como no se lo concedían ingresó en un hospital con la excusa de sufrir de agotamiento por exceso de trabajo, el presidente de la MGM adivinó su engaño y arregló el préstamo con Columbia.

Claudette Colbert tampoco quería hacer ese papel, pero en vez de negarse le hizo una oferta a Capra, segura de que el director la rechazaría, quería cobrar 50.000 dólares por cuatro semanas de trabajo. Lo que ella no podía imaginar era que el dueño de la Columbia aceptaría sus condiciones.

La película de Capra, tiene un profundo contenido social, como todo su cine, además de que tiene ese peculiar modo de criticar a la prensa. Pero si algo también caracterizaba a Capra era la forma sutil de tratar estos temas ya que aunque sucedió una noche podría interpretarse como una lucha de clases,  su crítica siempre se oculta detrás de una relación amorosa, y justamente el amor más que una revolución armada es la solución al conflicto: “el sueño americano no es el dinero sino la felicidad y la libertad”, decía el cineasta de origen italiano.